Elecciones presidenciales en EE. UU.: qué significaría un segundo mandato de Trump para los inversores

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En pocas palabras

  • Creemos que una segunda presidencia de Donald Trump en EE. UU. tendría mayores implicaciones para los mercados que la reelección de Joe Biden. A nuestro entender, es más probable que la reelección de Biden se traduzca en la continuidad del statu quo actual.
  • Creemos que la persistente popularidad de Trump se debe en gran medida a la evolución social y al papel de Trump como «enfant terrible» del establishment, ya que la confianza en las instituciones estatales lleva años disminuyendo y en un contexto de aumento de la brecha entre ricos y pobres.
  • Las clases de activos se ven influidas por factores como el ciclo económico mundial, que a su vez depende de mucho más que del resultado de las elecciones presidenciales de EE. UU.

Puede que aún falte algún tiempo para las elecciones presidenciales de EE. UU.; la mayor economía del mundo no acudirá a las urnas hasta el 5 de noviembre de 2024. Pero basta con echar un vistazo a los principales medios de comunicación financieros y a los canales de las redes sociales para darse cuenta rápidamente de que la campaña electoral ya está en pleno apogeo.

Tanto el actual presidente, Joe Biden, como Donald Trump han puesto en tela de juicio la idoneidad del otro para ocupar el cargo de mayor relevancia del país. Trump, de 77 años, ha calificado a Biden de «groseramente incompetente» ”, mientras que Biden, de 81 años, al ser preguntado por su avanzada edad, respondió: «Uno de los candidatos es demasiado viejo y mentalmente incapaz para ser presidente..., el otro soy yo».

Por otra parte, Robert F. Kennedy Jr., hijo del fiscal general asesinado Robert Kennedy y vástago de una de las dinastías políticas más prominentes de EE. UU., aún no ha perdido la esperanza de ocupar uno de los puestos más influyentes del mundo.

En nuestra opinión, intentar pronosticar quién acabará mudándose a la Casa Blanca es tan útil como lanzar una moneda al aire. No creemos que tenga mucho sentido tratar de predecir el resultado de las elecciones mediante cálculos de probabilidades. Aun así, recurrir a ejercicios de reflexión y plantearse preguntas del tipo «¿qué pasaría si...?» puede ser muy útil para los inversores.

En este artículo, nos centramos en Trump en contraposición a Biden. Esto no se debe a ninguna tendencia política por nuestra parte ni a que estemos convencidos de que Trump tiene más posibilidades de ganar. Más bien, obedece a nuestra creencia de que un segundo mandato de Trump tendría mayores implicaciones para el mercado que la reelección de Biden. A nuestro entender, es más probable que la reelección de Biden se traduzca en la continuidad del statu quo actual.

¿Por qué creemos que debería considerarse seriamente un segundo mandato de Trump?

El primer mandato de Trump (2017-2021) estuvo cargado de acontecimientos: desde una guerra comercial con China hasta las retiradas del acuerdo nuclear con Irán y del Acuerdo de París sobre el cambio climático y las amenazas de retirarse de alianzas como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o la Organización Mundial del Comercio (OMC). Su presidencia también estuvo marcada por numerosos cambios de personal, prohibiciones de entrada a determinados grupos de población, la construcción del muro fronterizo entre EE. UU. y México, procedimientos de destitución, robos de documentos secretos, acusaciones de fraude electoral y un asalto armado al Capitolio. Por lo tanto, es lógico pensar que los obstáculos que hay que superar para lograr un segundo mandato son importantes. Sin embargo, las encuestas indican actualmente una carrera muy reñida. Y la situación tampoco se presenta demasiado mal en los disputados estados indecisos.1 Es más, a Trump le ha ido mejor de lo que sugerían las encuestas en el pasado.

¿Qué habla a favor de Trump?

En nuestra opinión, su persistente popularidad tiene mucho que ver con la evolución social y el papel de Trump como «enfant terrible» del establishment. Tomemos, por ejemplo, a la cada vez más frustrada clase media2 de EE. UU., que considera que la han dejado atrás mientras la globalización elevaba a la clase media a muchas personas que antes tenían bajos ingresos y ha beneficiado a países en desarrollo como China en las últimas décadas. En la década de 1990, la clase media poseía alrededor del 37 % de la riqueza de los hogares en EE. UU. Con el cambio de milenio, esta cifra se redujo a alrededor del 30 %. Hoy, es algo menos del 26 %, según datos de la Fed.

Paralelamente, la confianza en las instituciones estatales lleva años disminuyendo. Según una encuesta de Gallup , la confianza en el Tribunal Supremo era de algo menos del 60 % en la década de 1980. En 2023, era de apenas el 27 %. Solamente la confianza en los periódicos (2023: 18 %) y en el Congreso (2023: 8 %) es peor.

Esta evolución, que viene de lejos, ha empeorado desde la marcha de Trump. Es probable que una de las razones más importantes sea el repunte de la inflación, que llevó los salarios reales (es decir, ajustados a la inflación) de muchos estadounidenses a territorio negativo a principios de 2021 (gráfico 1).

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Otro factor que juega a favor de Trump es la impopularidad de Biden. El índice de aprobación de un presidente suele ser un buen indicador de sus posibilidades de reelección. En el pasado, la opinión pública sobre el presidente dependía sobre todo de su valoración de la economía. En los últimos tiempos, sin embargo, esta relación ha dado un vuelco: la economía de EE. UU. es fuerte, la tasa de desempleo se mantiene en mínimos históricos e incluso la inflación (cuyas bases se sentaron antes de que Biden asumiera el cargo) ha descendido de forma considerable. Y aun así, el índice de aprobación de Biden se ha desplomado. Si a principios de 2021 su índice de aprobación se situaba en el 53 %, ahora está en torno al 40 %, según el sitio web FiveThirtyEight , propiedad de ABC News. Esto hace que sea incluso menos popular de lo que lo fue Trump durante su primer mandato.

Muchos estadounidenses no confían en que Biden aborde cuestiones que son importantes para ellos, según una encuesta de Ipsos . Esto es especialmente aplicable a cuestiones sociales como la delincuencia o la inmigración. Esta última ha aumentado mucho desde el año 2022 (en parte debido a la relajación de las restricciones por la pandemia) y se ha intensificado desde entonces. Según Bloomberg News ,solo en diciembre, los agentes federales detectaron el cruce de 10 000 personas al día por la frontera sur de EE. UU. Eso se presta a ser un caldo de cultivo para los eslóganes populistas.

Además, uno de los bloques de votantes más fieles de los demócratas parece haber cambiado de opinión. Según una encuesta de abril de New York Times/Siena , el apoyo a Trump entre los votantes negros se sitúa en el 16 %, lo que supone un aumento de 10 puntos porcentuales respecto a 2020. Los votantes hispanos también se están acercando a Trump. Una posible explicación podría ser que estos grupos están desilusionados con Biden, ya que les afectan especialmente los ingresos reales negativos.

¿Qué habla a favor de Biden?

Las estadísticas están del lado de Biden. Históricamente, el presidente en ejercicio de EE. UU. es reelegido el 67 % de las veces. Si el presidente en el cargo consigue evitar una recesión, esa probabilidad aumenta al 80 %. Sin embargo, si la economía entra en recesión, el presidente sale perjudicado, ya que la tasa desciende al 44 % (gráfico 2). En vista de la fortaleza actual del mercado laboral, tanto en EE.UU. en general como en los estados indecisos, todo parece indicar que podría evitarse una recesión antes de las elecciones.

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No perdamos de vista a los candidatos de otros partidos

Trump y Biden dominan actualmente los titulares. Ahora bien, el inversor también debe tener en cuenta que los posibles candidatos de terceros partidos también pueden influir en las elecciones. Una encuesta realizada por la Universidad de Quinnipiac en marzo reveló que el 20 % de los votantes elegirían a un candidato distinto de Trump o Biden si pudieran elegir entre cinco candidatos en lugar de entre dos. El candidato independiente, Robert F. Kennedy Jr., obtuvo un 13 %. Por su parte, la candidata del Partido Verde, Jill Stein, consiguió un 4 %.

Los Verdes ya han puesto en aprietos a los demócratas en el pasado. En el año 2000, por ejemplo, el activista Ralph Nader impidió que Al Gore llegara a la Casa Blanca y, en 2016, Jill Stein le robó votos a Hillary Clinton.

¿Quién ganará las elecciones al Congreso?

Otra cuestión importante es quién ganará las elecciones al Congreso. En nuestra opinión, hay dos escenarios con mayor probabilidad: una «ola roja» (victorias notables para los republicanos) o un estancamiento. Nos parece menos probable que se dé una «ola azul».

¿Por qué? El Congreso está compuesto por el Senado y la Cámara de Representantes. En el Senado, este año se presentan a la reelección 28 escaños demócratas; 23 escaños demócratas no se presentan a las elecciones y, por tanto, se consideran «seguros». En el caso de los republicanos, la situación es diferente: solo 11 escaños se presentan a la reelección y 38 se consideran «seguros». Según las encuestas de 270toWin, los republicanos actualmente van por delante. Por tanto, es muy posible que los republicanos aumenten su número de escaños e incrementen su influencia en el Senado. Quién esté al mando en la Cámara de Representantes dependerá probablemente del resultado de las elecciones.

En nuestra opinión, Trump estaría menos limitado que Biden en caso de obtener la victoria. Mientras que Biden tendría que enfrentarse (probablemente) a un bloqueo en caso de victoria, Trump podría (probablemente) trabajar con una mayoría en el Congreso.

Qué es lo que probablemente no cambiará con ninguno de los dos presidentes

Independientemente de quién ocupe la Casa Blanca, en nuestra opinión, es probable que continúen el proteccionismo, las políticas anti China, el rearme y la elevada deuda nacional.

Proteccionismo

Quien esperara un poco menos de «America first» y un poco más de apertura comercial por parte de Joe Biden ha podido comprobar su error en los últimos años. Se dice que Biden sigue una política de «proteccionismo cortés»: publica menos tuits airados que su predecesor, pero sigue teniendo muy presentes los intereses de Estados Unidos. Muchos de los aranceles de seguridad nacional impuestos por Trump o las restricciones voluntarias que se negociaron con otros países han permanecido intactos bajo el mandato de Biden. Biden parece compartir la opinión de Trump de que proteger la industria siderúrgica de EE. UU. es una cuestión de seguridad nacional. Hay otras medidas que también pueden considerarse proteccionistas. Un ejemplo es la Ley de Chips y Ciencia promovida por Biden, que prevé inversiones multimillonarias en la investigación, el desarrollo y la fabricación de semiconductores y pretende crear más puestos de trabajo en la industria manufacturera del país (gráfico 3).

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Política anti China

Tampoco es probable que cambie mucho la actitud hacia la segunda economía mundial. Tanto los republicanos como los demócratas han aprendido a lo largo de los años que una política anti China aumenta la predisposición de los votantes.

Mientras que Trump es abiertamente hostil a China (como evidencian los diversos aranceles punitivos impuestos por Trump o su declaración de que el coronavirus es un «virus chino»), el enfoque de Biden es más sutil, aunque no menos decidido. Esto se hace evidente, por ejemplo, si echamos un vistazo a las empresas chinas que han sido incluidas en la «lista de entidades» por EE. UU. en los últimos años (gráfico 4)3.

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Rearme

Otro de los puntos es la tendencia al rearme militar. Trump ha pedido repetidamente que se aumente el gasto militar y ha exigido lo mismo a otros Estados miembros de la OTAN. En febrero, incluso anunció que no apoyaría a los aliados de la OTAN en caso de emergencia.

Biden también aboga por el aumento del gasto: en marzo de 2024 presentó una propuesta de presupuesto para el año fiscal 2025 que incluye una petición de 850 000 millones de dólares en financiación discrecional para el Departamento de Defensa, lo que supone un aumento del 4,1 % respecto al año fiscal 2023.

El problema de la deuda 

También es probable que persista el problema de la deuda (y las cuestiones asociadas en torno a la «sostenibilidad» de la deuda). A primera vista, el aumento constante de la deuda pública no es nada nuevo. La deuda pública, expresada en porcentaje del producto interior bruto (PIB), solo ha ido en una dirección durante años: hacia arriba. En la década de 1980, la deuda nacional aún rondaba el 30 %; ahora supera el 120 %. Sin embargo, lo que pronto podría convertirse en un problema es el aumento del coste de mantener la deuda (debido al aumento de los tipos de interés). Los tipos de interés son mayores de lo que han sido en los últimos 40 años.

 

Las promesas de campaña de Trump

Hacer un resumen de todas las promesas de campaña de Trump es una tarea bastante ambiciosa. Por eso, nos limitaremos a las cinco áreas más importantes: la política fiscal, la política monetaria, la política comercial, la política de inmigración y la política exterior.

Política fiscal

La agenda de política fiscal de Trump está orientada principalmente a reducir los impuestos. Durante su primer mandato, ya intentó bajar el impuesto de sociedades del 35 al 15 %. Al final, se quedó en el 21 %. Trump y sus asesores han hablado de nuevos recortes del impuesto de sociedades, posiblemente hasta el 15 %, según un artículo publicado en septiembre por el Washington Post. Pero los particulares también podrían esperar una bajada de impuestos con Trump. En el pasado, la bajada de impuestos ha debilitado la disciplina presupuestaria en EE. UU. Cabe suponer que el ya elevado déficit presupuestario seguirá creciendo.

Trump pretende ahorrar en otros ámbitos y, entre otras cosas, poner fin a la financiación estatal de la radiotelevisión pública. También se recortarán la ayuda exterior, las subvenciones relativas al cambio climático y las inversiones en tecnologías sostenibles (Trump considera que la expansión de los coches eléctricos fconduce, entre otras cosas, a despidos masivos en la industria automovilística de EE. UU.).

Política monetaria

monetariaTrump se ha dirigido principalmente al presidente de la Fed, Jerome Powell. Trump y Powell comparten un pasado turbulento. Trump nombró a Powell (que también es republicano) presidente de la Fed en 2017 y lo elogió en su momento como «sabio» y experimentado. Pero cuando Powell subió los tipos de interés en 2018, cayó en desgracia. Trump calificó a Powell y a la Fed de «incompetentes» " ay pidió la destitución de Powell. En 2019, Trump incluso tuiteó: «¿quién es nuestro mayor enemigo? Powell o el presidente de China, Xi Jinping». En 2024, Trump insinuó que Powell bajaría los tipos de interés para ayudar a los demócratas y asegurar así el Segundo mandato de Biden.

En nuestra opinión, es difícil destituir a Powell. Desde el punto de vista legal, el presidente solo puede destituir a un miembro del consejo de la Fed (incluido Powell) por «causa justificada». Y no parece que la insatisfacción con la política monetaria de la Fed sea un motivo válido.

No obstante, Trump ya ha anunciado que, si fuera elegido presidente, no le daría a Powell un segundo mandato en el cargo (el mandato de cuatro años de Powell termina en 2026). Después de eso, podría intentar nombrar a un presidente de la Fed de su preferencia, aunque el Congreso tendría que dar su aprobación.

Política comercial

Trump sigue apostando por la política de «America first». Por lo tanto, si Trump gobierna por segunda vez, cabe esperar una mayor incertidumbre en materia de política comercial.

Ya ha anunciado que impondría aranceles de importación del 60 % a los productos procedentes de China y del 10 % a los de otros países si gana las elecciones. La tasa arancelaria media actual es del 3 % y del 19 % en el caso de China. Si Trump llegara a impulsar esta medida, además de China, la Unión Europea —como segundo socio comercial de EE. UU.— se vería especialmente afectada.

También se está barajando la posibilidad de restringir la propiedad china de las infraestructuras estadounidenses (por ejemplo, en los ámbitos de la energía, la tecnología, las telecomunicaciones y los recursos naturales). Además, se estudia prohibir las inversiones de empresas estadounidenses en China y replantearse el papel de EE. UU. en organizaciones importantes como la OMC.

Política de inmigración

Sus planes para la inmigración suenan igualmente decididos. En una reciente recaudación de fondos, Trump se quejó de que no estuvieran inmigrando a EE. UU. personas de países «agradables» (según la definición de Trump: Dinamarca, Suiza y Noruega) . En su lugar, dijo, tenemos que tratar con gente de otros países. Pero también habría que cuestionarse la inmigración legal y el derecho a la ciudadanía de los bebés nacidos en Estados Unidos.

Aunque los votantes populistas acogerían con satisfacción una política de inmigración más estricta, esto podría tener consecuencias negativas para el mercado laboral.

La intensa inmigración que se ha producido bajo el mandato de Biden ha tenido un efecto moderador en el tenso mercado laboral (gráfico 5). Desde hace algún tiempo, el mercado laboral se enfrenta a un exceso de demanda de mano de obra y a una escasez de oferta. Un descenso de la inmigración agravaría la escasez de mano de obra y avivaría aún más la presión salarial (y, por tanto, la inflación).

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Política exterior

Al margen de la política hacia China, las relaciones con Rusia también serán objeto de atención. Trump parece tener una buena relación con el presidente ruso Vladimir Putin. Aunque la declaración de Trump de que solucionaría la guerra de Ucrania en 24 horas mpuede ser un poco ambiciosa, una forma en la que podría influir en la guerra sería podría influir en la guerra, por ejemplo cortando la ayuda financiera a Ucrania. Eso es lo que el primer ministro húngaro, Viktor Orban, afirma que Trump le dijo en la reunión que tuvieron en marzo. Eso requeriría, sin embargo, convencer a un Congreso que se muestra escéptico ante Rusia.

En nuestra opinión, una resolución «forzada» de la guerra no sería necesariamente relevante para el mercado: aunque los precios del petróleo subieron mucho tras la invasión rusa, han estado cayendo desde finales de 2022, es decir, la «prima de riesgo geopolítico» de la guerra entre Rusia y Ucrania ya no está realmente presente. En lugar de ello, hay otros conflictos (Israel-Hamás) que están impulsando el precio del petróleo.

La política de Trump respecto a Irán podría tener una mayor incidencia en el precio del petróleo. Para Trump, las sanciones parecen ser la única forma de impedir que Irán enriquezca uranio (y, por tanto, fabrique una bomba nuclear) en el futuro. Irán es uno de los mayores productores de petróleo del mundo. En 2016, ocupó el séptimo lugar con una producción de 4,4 millones de barriles diarios. Tras la sorprendente retirada de Trump del acuerdo nuclear del Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés) en mayo de 2018, el precio del petróleo subió un 60 % en poco tiempo. Se calcula que entre dos y cuatro millones de barriles de petróleo desaparecieron (al menos temporalmente) del mercado mundial.

En el resto de Oriente Medio, Trump sorprendió con sus dotes diplomáticas. Los Acuerdos de Abraham (2020), negociados por su administración, normalizaron las relaciones diplomáticas entre Israel y algunos Estados árabes. Los firmantes de estos acuerdos —los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin e Israel— reafirmaron su deseo de consolidar la paz en Oriente Medio. Los Emiratos Árabes Unidos e Israel también concluyeron un acuerdo de paz. Trump también mantiene buenas relaciones con Arabia Saudí y el importante exportador de gas Qatar.

 

Qué significaría Trump 2.0 para la economía

No es fácil decir cómo afectaría un segundo mandato de Trump a las variables macroeconómicas más importantes.

En primer lugar, no está claro si Trump logrará la mayoría en el Congreso. En segundo lugar, no es seguro que los republicanos secunden todas sus propuestas. Esto influirá en si podrá cumplir sus promesas de campaña y cómo lo hará. En tercer lugar, la situación actual es diferente: muchas de las promesas de campaña de Trump se encontrarían hoy con un mercado laboral mucho más tenso. En otras palabras, los riesgos de subida de la inflación son ahora mayores que durante el primer periodo de gobierno de Trump. No obstante, creemos que podría darse el escenario siguiente:

Crecimiento

Un segundo mandato de Trump podría ser positivo en líneas generales para el crecimiento económico. Los recortes fiscales previstos por Trump deberían conducir a un mayor déficit fiscal. Esto se traduciría en un estímulo fiscal positivo. Los planes de desregulación de Trump también podrían dar lugar a una mayor productividad. Siempre que el Congreso esté de acuerdo con Trump, esto debería favorecer a la economía estadounidense.

A largo plazo, sin embargo, también habría implicaciones negativas para el crecimiento. Es probable que la reducción de la inmigración condujera a un crecimiento demográfico más débil. El aumento de la incertidumbre comercial también conlleva el riesgo de que las empresas inviertan menos. Unos aranceles más elevados y el consiguiente aumento de los precios también podrían conducir a un menor consumo.

Inflación

Es probable que un segundo mandato de Trump sea en gran medida reflacionario, es decir, es más probable que el nivel de precios en EE. UU. repunte en un entorno de mayor fortaleza de la economía y del consumo privado. Esto se debe en parte al déficit fiscal presumiblemente más elevado y al estímulo positivo de la demanda asociado, y en parte a un descenso de la inmigración y al riesgo asociado de una mayor escasez en el mercado laboral (mayor presión salarial debido a una menor oferta de mano de obra). Por último, aunque no por ello menos

Tipos de interés

Entre 2017 y 2018 (es decir, durante el primer mandato de Trump, cuando tenía el control pleno del Congreso), subieron los tipos de interés (en este caso, la rentabilidad de los bonos). Incluso si Trump gana otras elecciones, es probable que los tipos de interés suban debido a un mayor crecimiento económico, una mayor inflación y la perspectiva de que el Congreso esté controlado por los republicanos. Pero la incertidumbre comercial y una política exterior orientada a la máxima presión podrían limitar algo el potencial alcista.

Dólar estadounidense

Desde nuestro punto de vista, la conjugación de un crecimiento económico más fuerte, una mayor inflación y la incertidumbre comercial alberga riesgos de subida para el dólar estadounidense. Sin embargo, en este punto es decisiva la reacción de la Reserva Federal. Para que el dólar se fortalezca es necesario que el banco central tome medidas decisivas contra el aumento de la inflación (es decir, que suba los tipos de interés). Si no lo hace y se queda de brazos cruzados viendo cómo aumenta la inflación, es más probable que esto pese sobre el dólar.

 

Renta variable 

Si algo nos dice la historia es que los mercados de renta variable suelen estar en tendencia lateral en vísperas de elecciones. Esto no debe sorprendernos: las campañas electorales suelen ir acompañadas de incertidumbre sobre el futuro curso político, y a los inversores en bolsa no les gusta la incertidumbre. Una vez determinado el ganador, los mercados suelen subir, incluso si el presidente en funciones no es reelegido

Una nueva bajada de impuestos sin duda tendría un impacto positivo en los beneficios por acción (gráfico 6). Al mismo tiempo, los inversores deberían estar preparados para una mayor volatilidad en el mercado de renta variable (similar a la de 2019), debido a que la política es más impredecible.

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Dentro de esta clase de activos, los que más se beneficiarían serían los valores de renta variable de los mercados desarrollados. Aunque los valores suizos también se beneficiarían de un crecimiento económico, tendrían más dificultades en un entorno de tipos de interés más altos. La guerra comercial podría suponer un freno para algunos valores de los mercados emergentes.

Bonos

Es previsible que los bonos sufran más en caso de un segundo mandato de Trump. Aunque esta clase de activos se beneficiaría de un dólar estadounidense más fuerte, la conjugación de un mayor crecimiento, una inflación más acusada y unos tipos de interés más altos tendría una incidencia negativa.

Desde la perspectiva de un inversor, una economía más fuerte hace que la renta variable parezca más atractiva que la renta fija. Una mayor inflación reduce el poder adquisitivo de los futuros flujos de caja de un bono. El aumento de los tipos de interés hace que los bonos en circulación pierdan valor.

Inversiones alternativas 

Si se confirma nuestra hipótesis de un segundo mandato de Trump caracterizado por la reflación, las materias primas también podrían beneficiarse. Un mayor crecimiento económico también debería favorecer a esta clase de activos cíclicos. Aunque el oro podría beneficiarse temporalmente de una mayor incertidumbre geopolítica, es probable que unos tipos de interés más altos y un dólar estadounidense más fuerte pesen sobre el metal precioso (los tipos de interés reales y el dólar estadounidense suelen moverse en dirección opuesta al oro).

 

 

 

 


1. Los «estados pendulares» o indecisos (swing states) son aquellos estados de EE. UU. que no tienen un candidato claro antes de las elecciones. En el pasado, estos estados han influido a menudo en el resultado de las elecciones. En 2024, se consideran estados pendulares Arizona, Nevada, Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin.
2. Definimos "clase media" como todos los hogares situados entre el 20º y el 80º percentil de ingresos.
3. La «lista de entidades» es una lista elaborada por el Gobierno de EE. UU. en la que figuran personas, empresas y organizaciones extranjeras clasificadas como un riesgo para la seguridad nacional y sujetas a restricciones a la exportación y a requisitos de licencia para la exportación de determinadas tecnologías y mercancías.
 

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