Consecuencias de la crisis bancaria de EE. UU. y cómo la calidad favorece la capacidad de resistencia
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La quiebra de algunos bancos regionales de EE. UU. y el tambaleo de otros tantos en los últimos meses han sido las consecuencias imprevistas de uno de los ciclos de endurecimiento monetario más agresivos que se recuerdan. Entre las implicaciones de este escenario cabe destacar la posibilidad de que las condiciones financieras sigan endureciéndose y una mayor probabilidad de que la economía sufra un «aterrizaje forzoso». En los tiempos difíciles que se avecinan, las empresas de calidad, cuya rentabilidad depende menos de los factores macroeconómicos, pueden brindar a los inversores mayor capacidad de resistencia.
Los problemas interrelacionados a los que se enfrentan los bancos en la actualidad se derivan de la drástica subida de los tipos de interés durante el año pasado, en un intento de la Reserva Federal de seguir luchando contra la persistente subida de la inflación. En primer lugar, existe un problema de falta de confianza debido al desajuste de los plazos entre los activos y los pasivos de los bancos, que provocó la huida en las entidades crediticias más expuestas. En un mundo en el que los depósitos pueden moverse con solo tocar una pantalla, la confianza que sustenta el sistema bancario puede quebrarse con mayor rapidez que en el pasado. Creemos que esta confianza se ha podido recuperar parcialmente gracias a las medidas adoptadas por los organismos reguladores, que garantizan implícitamente los depósitos por encima del tope de 250 000 USD de la FDIC, al tiempo que proporcionan liquidez a los bancos que se enfrentaban a fugas de depósitos. Si la confianza sigue flaqueando, el Gobierno podría instituir una política más agresiva, como garantizar todos los depósitos del sistema bancario. Aunque se trata de un último recurso que no está exento de problemas de riesgo moral, podría controlar eficazmente posibles situaciones de pánico.
Desde el punto álgido de la crisis del pasado marzo, los datos semanales sobre depósitos no han revelado un patrón claro de flujos. En plena quiebra del Silicon Valley Bank, se produjo un traspaso de depósitos de los bancos más pequeños a los más grandes. Esa situación ha remitido en cierta medida y, desde entonces, los flujos han sido incoherentes, lo que podría poner de manifiesto el regreso a la calma.
El origen de esta reciente crisis bancaria en EE. UU. se encontraba en el desajuste de los plazos entre los activos y los pasivos de las entidades. Los bancos que quebraron tenían una parte importante de sus activos en bonos y préstamos a tipo fijo, cuyo valor disminuyó con la subida de los tipos de interés. A efectos contables, el tratamiento de esas pérdidas varía en función de la categoría en la que se coloquen. Dejando a un lado el tratamiento contable, el impacto en el valor de mercado de los activos a tipo fijo ha sido notable, hasta tal punto que ha acabado con los fondos propios de muchas instituciones financieras. Pero mientras los bancos no se vean obligados a vender, esas pérdidas no realizadas debidas a la subida de los tipos de interés acabarán revirtiéndose. Siempre que los bancos puedan conservar sus depósitos, las pérdidas en el lado de los activos no se materializarán. Además, el valor de los depósitos de los bancos ha aumentado con la subida de los tipos. Puesto que no todos los depósitos se transferirán a cuentas de mayor rendimiento, ya que muchos de los saldos son de tipo transaccional, como las cuentas corrientes que las empresas utilizan a efectos de tesorería, en teoría, con el tiempo, los bancos podrían ganar suficiente margen para compensar las pérdidas sobre el papel.
Endurecimiento de las condiciones de préstamo
Además de un problema de confianza, los bancos también se enfrentan a problemas de crédito. Los posibles impagos o quitas de los préstamos a inmuebles comerciales o propiedades minoristas no pueden rectificarse con el paso del tiempo. Al contrario, las pérdidas derivadas de estos préstamos podrían mermar los beneficios de los bancos durante algunos trimestres y agudizar aún más el endurecimiento de las condiciones financieras debido a las reticencias de los bancos a asumir riesgos. Si bien el problema podría repercutir en los beneficios de algunos bancos, es poco probable que las pérdidas sean lo bastante importantes como para suponer un problema sistémico, pero no hay forma de estar completamente seguros. Las implicaciones para la economía en general también son relevantes, ya que el endurecimiento de las condiciones de concesión de préstamos podría incrementar las posibilidades de que se produzca una recesión.
El incremento del crédito privado en la última década ha trasladado buena parte de la actividad crediticia más arriesgada del sistema bancario a los inversores en estas estrategias, como los planes de pensiones, que han aumentado su exposición a estos activos alternativos. Muchos de los préstamos emitidos en los últimos años eran a tipo variable y ahora comienzan a reajustarse al alza. Las empresas que contraen deuda suelen ser de menor calidad, lo que pone en duda su capacidad de reembolso en un entorno de tipos más altos cuando se contrae la economía. Las posibles pérdidas no recaerían en los bancos, ya que los conjuntos de activos son propiedad de entidades ajenas al sistema bancario tradicional. Sin embargo, los bancos sí prestan a las empresas más pequeñas, por lo general a tipos variables, por lo que el aumento de los tipos de interés ejercería más presión sobre esas empresas. Por último, el diferencial que cobran los prestamistas por la deuda más arriesgada también podría aumentar, lo que agravaría aún más la restricción del crédito.
La subida de los tipos de interés no repercute de la misma manera en las empresas de gran capitalización que cotizan en el S&P 500 que en los prestatarios más pequeños o de menor calidad. Esto se debe a que la mayor parte de la actividad crediticia tiene lugar en el mercado de bonos, donde los yields suelen ser fijos en el momento de la emisión. El coste de la deuda de las empresas que se han apalancado con el objetivo de recomprar acciones o financiar adquisiciones no aumenta drásticamente en el transcurso de un año, dado que el periodo de vencimiento es más largo y el tipo de interés es fijo. Sin embargo, las empresas que durante la última década han dependido en exceso de los tipos bajos para financiar su crecimiento se encontrarán en una situación más difícil en el futuro, ya que el coste del capital será considerablemente superior al que estaban acostumbrados.
En este artículo, exponemos los motivos por los que ahora puede ser un buen momento para invertir en empresas de calidad que no dependan del apalancamiento y cuyos beneficios tiendan a ser más sólidos en épocas de debilidad económica. Las carteras de renta variable global y de EE. UU. de Vontobel no tienen exposición a la banca. Como consecuencia de nuestra filosofía y proceso de inversión, hemos evitado el sector bancario durante algún tiempo, ya que el aumento de los beneficios tiende a ser inferior al que podemos encontrar en otros lugares y existen claros riesgos en este sector. Aunque nos centramos sobre todo en el enfoque bottom up, es justo decir que el telón macroeconómico de fondo es ahora más favorable para nuestro estilo de inversión, y seguimos centrados en nuestro objetivo de obtener mejores resultados durante un ciclo completo de mercado con menos riesgo para nuestros clientes.