Razones sólidas para invertir en bonos de corto plazo
TwentyFour
En pocas palabras
- El bajo crecimiento, la inflación y el aumento del gasto público representan riesgos significativos para las perspectivas de los mercados de renta fija.
- Las presiones fiscales e inflacionarias probablemente generen una mayor debilidad en los bonos de mayor vencimiento, ya que los inversores exigen primas de plazo más altas.
- Los rendimientos elevados en el crédito a corto plazo ofrecen un perfil riesgo-recompensa atractivo en el actual contexto de incertidumbre macroeconómica.
Al iniciar la recta final de 2025, las condiciones de mercado se presentan desafiantes. La inflación sigue siendo persistente en varias economías, lo que impide que los principales bancos centrales puedan aplicar recortes rápidos de tasas para impulsar el crecimiento del PIB. Las crecientes preocupaciones sobre la sostenibilidad de los déficits fiscales han debilitado la confianza de los inversores en bonos, y estas inquietudes se han traducido en un incremento de los rendimientos a largo plazo.
Sin embargo, consideramos que este escenario complejo también ofrece oportunidades. Los rendimientos iniciales se encuentran actualmente en niveles tan elevados –superiores a cualquier momento del periodo de expansión cuantitativa– que incluso una postura cautelosa respecto a la exposición a duración puede resultar beneficiosa.
En este artículo, analizaremos cómo las fuerzas estructurales que inciden en los mercados globales de bonos están contribuyendo a mejorar las perspectivas para el crédito a corto plazo.
Retos macroeconómicos
Las perspectivas para el crecimiento global, aunque siguen siendo positivas, se han debilitado a lo largo de 2025. En Estados Unidos, las previsiones de crecimiento del PIB han caído del 2 por ciento al 1,5 por ciento aproximadamente, debido a la volatilidad generada por los aranceles y la incertidumbre fiscal. Alemania parece que evitará la recesión gracias a su importante nuevo paquete de gasto público, pero solo se espera que alcance un crecimiento del PIB cercano al 0,2 por ciento este año. En el Reino Unido, la cifra de crecimiento prevista ronda el 1 por ciento.
La inflación sigue siendo un desafío para las economías desarrolladas. En el Reino Unido, la inflación general y la subyacente se sitúan en torno al 3,8 por ciento, mientras que la cifra subyacente en Estados Unidos es del 3,1 por ciento. Alemania presenta los mejores resultados, con una inflación general y subyacente del 2 por ciento y 2,7 por ciento respectivamente. En los tres países, las cifras subyacentes se consideran demasiado persistentes como para permitir recortes sustanciales de tasas de interés, incluso ante el bajo crecimiento. Actualmente, los participantes del mercado prevén dos recortes por parte de la Reserva Federal antes de fin de año, y no se esperan más medidas de flexibilización por parte del Banco Central Europeo ni del Banco de Inglaterra.
El aumento del gasto público está complicando aún más el panorama. Se prevé que la relación deuda/PIB de EE. UU. alcance el 130 % o más para finales de la década; en el Reino Unido, la cifra se sitúa en torno al 110 %. Los déficits presupuestarios de esta magnitud —superiores al 5 %— no son sostenibles indefinidamente, y esperamos que la curva de rendimientos siga empinándose a medida que los inversores en bonos exijan primas de plazo cada vez mayores.
Un marcado empinamiento
En los últimos 20 meses, hemos observado una aceleración del empinamiento de la curva de rendimientos, ya que los inversores en bonos han ajustado sus expectativas ante los cambios en las finanzas públicas (véase el Gráfico 1). Los rendimientos de los bonos Gilt a 30 años se sitúan ahora en su nivel más alto en lo que va de siglo, superando los máximos registrados durante la crisis financiera rusa de 1998 y la quiebra del fondo de cobertura Long-Term Capital Management. Aumentos proporcionales similares pueden apreciarse también en los bonos del Tesoro estadounidense y en la deuda pública europea.
En nuestra opinión, este mayor empinamiento en el extremo largo de la curva es una muestra de que los mercados están comenzando a adaptarse a los planes fiscales en evolución de las economías desarrolladas. Esto tiene implicaciones relevantes para bonos de todos los vencimientos, pero especialmente para el crédito a corto plazo: el tramo corto de la curva ahora ofrece rendimientos históricamente atractivos sin los riesgos de pérdida de capital asociados al aumento de los rendimientos a largo plazo.
Como resultado de estos cambios en la pendiente de la curva, hemos adoptado una mayor tolerancia a la duración de tipos de interés en nuestras carteras de crédito. En contraste, seguimos siendo cautelosos respecto a la duración de los spread o diferenciales de crédito. Los diferenciales de grado de inversión global están ahora más estrechos que justo antes de la crisis financiera global. No tenemos grandes preocupaciones en cuanto al riesgo de impago o al deterioro de beneficios, pero consideramos que los diferenciales podrían ampliarse en lo que resta de año, por lo que mantenemos una posición defensiva en cuanto a la duración del spread.
El impulso para la deuda a corto plazo sigue mejorando
De forma alentadora para los inversores en bonos, las rentabilidades totales se encuentran actualmente en máximos históricos, superiores a cualquier nivel observado durante el periodo de expansión cuantitativa (2009–2021). Esto implica que, a lo largo de toda la curva de rendimientos, existe un gran potencial para todo tipo de inversores en los próximos años.
La renta fija de corto plazo se presenta como la opción más prometedora. Por ejemplo, en el índice BAML/ICE Global Investment Grade 1–5 años, la rentabilidad inicial a la que entra un inversor es el principal factor determinante de los rendimientos durante los próximos tres años. La duración del índice es actualmente de 2,8 años. Ahora que las curvas vuelven a tener pendiente positiva, el efecto de rolldown de la curva —es decir, las plusvalías que se obtienen a medida que los bonos se acercan al vencimiento y descienden en la curva de rendimientos— implica que la rentabilidad del 3,84 por ciento del índice se traduce en un retorno anualizado del 4,86 por ciento para los próximos tres años (véase el Gráfico 2).
Por su parte, los fondos de corto plazo gestionados activamente que buscan rentabilidades superiores, en torno al 5 por ciento, podrían esperar retornos anualizados cercanos al 6 por ciento. El perfil riesgo-recompensa resulta muy atractivo si se tiene en cuenta la posible volatilidad en los mercados y clases de activos, las valoraciones exigentes en renta variable, la incertidumbre fiscal y las tensiones geopolíticas.
Además, el crédito a corto plazo ofrece una combinación atractiva de riesgo y rentabilidad. Los índices corporativos IG de BAML a 1–3 años y 1–5 años se sitúan ambos en la frontera eficiente, presentando sólidos ratios de Sharpe en comparación tanto con la liquidez como con algunos bonos de mayor duración.
Los riesgos del tramo largo
Seguimos siendo cautelosos respecto al extremo largo de las curvas de rendimiento. Si bien hemos incrementado moderadamente la duración, lo hemos hecho de manera selectiva. Por ejemplo, los Gilts a largo plazo parecen excesivamente arriesgados: el gobierno del Reino Unido enfrenta desafíos fiscales complejos y también observamos una caída estructural en la demanda de vencimientos largos por parte de los fondos de pensiones británicos, que históricamente han sido compradores clave de esta deuda. Muchos de estos fondos de pensiones están entrando en procesos de buyout y sus nuevos propietarios están reevaluando el papel de «comprador a cualquier precio» que los esquemas habían desempeñado anteriormente.
Una ventana para deuda de alta calidad
Para concluir, consideramos que el entorno actual de renta fija –aunque complejo– ofrece oportunidades atractivas para que los inversores informados en bonos busquen rentabilidad en crédito de alta calidad y baja duración.
Somos cautelosos respecto a la duración del spread de crédito, pero adoptamos una postura más neutral en cuanto a la duración total. Esperamos un mayor empinamiento de la curva de rendimiento y vemos recortes adicionales de tasas y una ligera ampliación de spreads como catalizadores para volver a incorporar más beta en nuestras carteras.
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