Quality Growth
Especialistas en renta variable global desde 1984.
Cuando le pidieron que describiera su estrategia de inversión, el prestigioso socio de Buffett, Charlie Munger, hizo la célebre observación de que invertir es «sencillo, pero no fácil». Después de casi 40 años en el mundo de las inversiones, he llegado a valorar aún más la sabiduría que encerraban las palabras de Munger. Cuando empecé en el negocio de la gestión de activos a inicios de la década de 1980 y «descubrí» los textos de Warren Buffett, sentí como si hubiese descubierto el Santo Grial. La idea de Buffett de comprar empresas de buena calidad a precios suficientemente por debajo de su VALOR INTRÍNSECO parecía tener lógica y era atractiva desde el punto de vista intelectual, ya que esto implicaba que se podía definir el «verdadero» valor absoluto de un título valor. Con ello, se podía INVERTIR, no solo especular.
Muchos años después, escucho con displicencia que tantos y tantos inversores afirman conocer el valor intrínseco de grandes números de acciones en sus carteras. Y es que el término «valor intrínseco» se usa muy a la ligera. Tal vez ya esté harto y me haya vuelto escéptico, pero, si hay algo que he descubierto después de analizar miles de empresas a lo largo de tanto tiempo, es que hay muchos desafíos cuando se intenta definir cuál es el «verdadero» valor de una empresa.
Sin embargo, a pesar de estos desafíos, hacer una valoración que por lo menos se aproxime a la cifra correcta sigue siendo igual de importante, aunque nos esforzamos por entender cómo el entorno del mercado cada vez más pulverizante que estamos presenciando reconoce esta realidad. Los siguientes ocho puntos describen algunos de esos desafíos intelectuales relativos a la valoración.
Por último, quiero hacer un comentario sobre la construcción de la cartera, aunque nuevamente no es el objetivo directo de la valoración de acciones individuales. Empecemos con una pregunta: «¿alguna vez ha visto o ha oído que dos de los inversores más brillantes del mundo, Buffett y Munger, se refieran a la «optimización de la cartera?». Yo no. Sin embargo, he visto que los defensores de la Escuela de Chicago y sus seguidores han escrito mucho sobre la «Teoría de la cartera moderna» (¡que no debe confundirse con la teoría monetaria moderna!), la cual utiliza el concepto de «beta» como medida del riesgo. Naturalmente, la beta es una medida de la VOLATILIDAD de una acción en relación con el mercado en general. Sin necesidad de iniciar un largo debate, basta con destacar que Buffett tiene mucho que decir sobre por qué la beta es una medida inadecuada del riesgo. Yo prefiero la definición que hace Buffett del riesgo como «la pérdida permanente de capital». Y las estrategias típicas de «optimización de cartera» que solemos ver utilizar a otros no se refieren a esta definición un tanto más adecuada.
Podría continuar y enumerar más y más desafíos que complican la cuestión, es decir, intentar invertir realmente en precios de activos que se pueden definir con mucha confianza, pero, ya que estoy despotricando, pasaré ahora a los desafíos que presenta el NEGOCIO de la gestión de inversiones, algo que puede enredar aún más las cosas.
La mayoría de instituciones que dan dinero a las firmas de inversión para que lo gestionen ya han tomado de antemano la decisión respecto a la asignación de activos: quieren que sus fondos se inviertan al completo en todo momento en acciones. Esto impide el uso de efectivo como residual si el gestor de los fondos logra encontrar algunas acciones con valor atractivo que cumplan los criterios de esta estrategia de inversión. Durante las burbujas de activos y momentos de valoraciones muy altas de las acciones, esto puede hacer que el gestor de inversiones se sienta presionado por tener que invertir en las acciones relativamente menos SOBREVALORADAS, en lugar de en las acciones INFRAVALORADAS de mejor calidad que pudiera encontrar. Cuando Buffett logró encontrar algo de valor en el frívolo mercado de valores de finales de los años sesenta, simplemente disolvió su sociedad y devolvió el capital a sus inversores, en lugar de participar en iniciativas absurdas. La mayoría de los inversores institucionales actuales se mostrarían muy reacios a devolver los activos al cliente y perder sus comisiones sobre dichos activos, incluso SI un mercado de renta variable sin descuentos les impidiera ejecutar su estrategia de inversión de la manera deseada. ¿Sorprende entonces que aparezcan burbujas en el mercado de valores cuando los gestores de activos se ven tan presionados para participar en un juego de valoración que es predominantemente RELATIVO?
Los estilos de inversión pueden verse favorecidos o desfavorecidos durante años. Se han realizado estudios que demuestran que incluso los inversores con las mejores trayectorias históricas pueden verse desfavorecidos y obtener una rentabilidad inferior durante muchos años seguidos. A medida que los clientes pierden la paciencia y los activos gestionados siguen menguando, el gestor de inversiones sufre lo que el afamado inversor Jeremy Grantham describe como «presión existencial»: el temor a perder su empleo y ser despedido. El gestor se ve cada vez más presionado para capitular, para atenuar su estilo de inversión o disciplina de valoración. Personalmente, me puedo identificar con dicha presión al no haber tenido nada de exposición a la tecnología en el fondo de EE. UU. en 1999 durante la burbuja de las «dot.com» cuando la tecnología pasó a formar el 40 % de la capitalización de mercado del índice S&P. En ese entonces, incluso Buffett fue ridiculizado en la portada de la revista de Barron por haber «perdido la cabeza». (¿Déjà vu? Buffett es nuevamente objeto de burla por parte de David Portnoy, el «paladín» del grupo de la plataforma de libre comercio sin comisiones Robinhood, quien hace poco comentó «No hay nadie que pueda sostener que el trabajo de Warren Buffett en el mercado de valores es mejor que el mío ahora. Soy mejor que él. Es un hecho». ¡Veremos cómo acaba el ASUNTO!). En momentos así, resulta tentador dejarse llevar por la corriente y comprometer tu propia disciplina de inversión porque pareciera que (esa frase tan manida) «esta vez es diferente».
Este punto es una consecuencia del punto anterior: no es usual conocer a un verdadero cliente a LARGO PLAZO (afortunadamente para nosotros, después de años de búsqueda de socios, contamos con algunos). La mayoría de clientes paga a un gestor de inversiones por un periodo de tres años, en el mejor de los casos, después de lo cual, si persiste la rentabilidad inferior, el gestor es despedido y reemplazado. (Lo irónico es que probablemente ese gestor con baja rentabilidad que empezará, antes o después, a obtener una mejor rentabilidad, si no hay nada fundamentalmente mal en su estrategia, es reemplazado por un gestor nuevo con una rentabilidad óptima que tiene menos probabilidades de mantener indefinidamente su racha actual y seguramente llegue a su propio periodo de rentabilidad inferior). Pero los clientes tienen su PROPIA seguridad laboral por la que preocuparse después de todo, así que siempre se deben hacer cambios. Hay una posible incompatibilidad entre el horizonte de inversión a largo plazo del inversor cuando evalúa las futuras perspectivas de negocio de una empresa y el horizonte de negocio mucho más corto del cliente. Este es otro factor que puede presionar al gestor a comprometer su estilo de inversión y las valoraciones solo con el fin de mantenerse a flote y en el negocio. Un inversor como Buffett tiene la ventaja de tener un capital «cautivo» permanente con el cual invertir, a diferencia de la mayoría de gestores de fondos profesionales. Por tanto, cuanta más paciencia tengan el inversor Y el cliente, mejor, independientemente de la estructura del vehículo de inversión.
Debido a muchos de los factores a los que se ha hecho referencia anteriormente, como tener que hacer estimaciones con fenómenos macroeconómicos impredecibles o la dificultad para determinar con precisión el «valor intrínseco» de un título valor, entre otros, se suele decir que invertir es, en parte, una ciencia y, en parte, un arte. Se han escrito libros con el título «El ARTE de invertir» porque, al fin y al cabo, cada decisión de inversión es, en última instancia, una EVALUACIÓN. Aunque la mayoría de estrategias de inversión son organizadas, lógicas y sistemáticas, el producto final, la decisión de compra, nunca puede asignar tanta certeza a su resultado como lo haría una prueba matemática. Lo que viene a ser la observación de Buffett de que la valoración (el valor intrínseco de un título valor) es una APROXIMACIÓN y su consejo de que el inversor debe mantenerse dentro de su «círculo de competencia» y ser consciente de lo que es y no es suficientemente conocible cuando considera un prospecto de negocio futuro de la empresa. Es EN EFECTO un negocio aleccionador.
En Vontobel contamos con herramientas en nuestro arsenal que nos ayudan a atravesar el terreno siempre ensombrecido e incierto de las inversiones, donde afrontamos las numerosas realidades y desafíos inherentes que hemos descrito anteriormente. Creemos que tenemos un paradigma de inversión SENSATO, influido en gran medida por nuestros numerosos viajes a Omaha durante años. Nuestra estrategia busca negocios de mejor calidad y más predecibles con estados financieros sólidos, lo que nos da una posibilidad razonable de saber qué pasará con una empresa en el futuro. No nos engañamos a nosotros mismos pensando que podemos hacer previsiones que durarán toda la vida de una empresa, pero sí por lo menos los próximos cinco años de nuestro horizonte de inversión.
Para protegernos de algunas posibles incógnitas negativas que pudiesen surgir en el camino, utilizamos un método conservador para calcular los valores razonables de nuestras acciones, como una tasa de descuento muy por encima de la tasa de mercado cuando hacemos nuestros cálculos de valor actual. (Por el contrario, algunos de los inversores en renta variable más agresivos de la actualidad parecen estar dispuestos a asumir que los niveles actuales extremadamente bajos de los tipos de interés se mantendrán indefinidamente en el futuro, racionalizando así lo que, de hecho, podrían ser altos niveles de valoración actual. Así, también parecen estar dispuestos a hacer las predicciones de mayor alcance acerca de que los gestores de renta fija luchan por navegar en un entorno completamente desconocido de tipos de interés e inflación futuros).
Contamos con un numeroso equipo de analistas y gestores de carteras permanentes con muchos años de experiencia en el negocio. Y en este negocio, dado que el resultado de cada inversión es probabilístico, una evaluación, la EXPERIENCIA obtenida al analizar miles de «estudios de caso» anteriores durante años tiene una gran importancia. También somos un equipo internacional, capaz de analizar y comparar industrias similares a través de las fronteras. Así que, si bien concuerdo plenamente con el Sr. Munger en que un análisis sólido de las inversiones no es fácil, tampoco es imposible, y, utilizando algunas de las herramientas descritas, creemos que tenemos buenas posibilidades de ayudar a añadir valor haciendo aquello que es POSIBLE.