Biodiversidad en peligro: valoración y reacción
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Hace ya tiempo que se ha demostrado que la diversidad en una cartera de inversión es una herramienta de resistencia. Y lo mismo ocurre en los ecosistemas biológicos, en los que cuanto mayor es la abundancia de vida vegetal y animal, mayor es el equilibrio que proporcionan al planeta. Pero, ahora, la biodiversidad está en serio peligro, disminuyendo rápidamente a medida que aumentan nuestra población, la riqueza y el consumo. La plataforma IPBES1 —organismo de las Naciones Unidas encargado de la biodiversidad— estima que el planeta alberga unos ocho millones de especies animales y vegetales. De ellas, un millón se encuentran en peligro de extinción. La naturaleza, la sociedad y la salud de nuestras carteras están interconectadas.
La biodiversidad es a todas luces vital, ya que la pérdida de especies puede amenazar la seguridad alimentaria, el suministro de medicamentos (cuatro mil millones de personas dependen de las medicinas naturales), la bioenergía (dos mil millones de personas dependen del combustible procedente de la madera) y la protección natural frente a fenómenos como las inundaciones y las plagas, por citar solo algunos de los riesgos más evidentes. Los diversos organismos que habitan el planeta son fundamentales para cubrir las necesidades básicas del ser humano: el 75 % de los tipos de cultivos alimentarios dependen de la polinización animal, y la variedad genética ofrece millones de posibles alternativas para hacer frente a futuras crisis, como las enfermedades o las condiciones del cambio climático.
No existe una línea directa que vincule la excelencia de la inversión con la naturaleza. El objetivo de este artículo es arrojar algo de luz sobre los principales problemas y apuntar cómo los inversores pueden construir un marco para entender qué empresas pueden enfrentarse a riesgos que el mercado no suele tener en cuenta. Por otro lado, también existen importantes oportunidades fruto de los cambios en el comportamiento de las empresas y los consumidores. Pensemos, por ejemplo, en el enorme esfuerzo que se está llevando a cabo en todo el mundo para desarrollar alimentos y productos de origen vegetal, y en la popularidad de las alternativas a la carne de empresas como Beyond Meat, con sede en Los Ángeles, o de los sustitutos de los frutos secos y otros tipos de leche, como la sueca Oatly.
Es necesario obtener más beneficios con menos recursos. Esto incluye la reducción de residuos masivos, además de productos y métodos de producción más eficientes. En el mundo se desperdicia nada más y nada menos que un tercio de los alimentos, en gran parte debido a un proceso deficiente y a la falta de infraestructuras entre el campo y los minoristas, y también por parte de los consumidores de los países ricos.
El siguiente gráfico destaca dónde se encuentran los principales impactos en los sectores del MSCI World Index, que incluye los mercados desarrollados. Muestra la superficie media de pérdida de biodiversidad resultante de las actividades de una empresa, incluido el impacto de su cadena de suministro. Se mide en km2 (247 acres). Los productos de consumo básico se distinguen de otras categorías porque el impacto en la biodiversidad del sector refleja el uso de la tierra; alimentar a 7800 millones de personas influye enormemente en el equilibrio con la naturaleza.
No soy partidario de legislar por legislar. Pero hay una evidente necesidad de regular y controlar el uso de la tierra, ya sea en forma de normas de eficiencia para los productos o mediante la creación de zonas protegidas. Sin embargo, hasta que esas leyes estén totalmente definidas, existe un fuerte incentivo para que los directivos se adelanten a esos riesgos para sus actividades empresariales —ya sea por la disminución de los recursos, por un cambio drástico en los gustos y hábitos de los consumidores o por unas leyes más estrictas— y conviertan el escrutinio de las cuestiones de biodiversidad en una oportunidad.
Las cifras hablan por sí solas
Los datos sobre biodiversidad revelan una alarmante situación de fragilidad ecológica. El índice del Planeta Vivo, publicado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), registró una impactante caída del 68 % en el tamaño medio de la población de las 4392 especies de vertebrados que monitorizó entre 1970 y 2016. En la tabla siguiente se describen una serie de especies y las amenazas a las que se enfrentan.
La principal causa de la desaparición de la biodiversidad del planeta es el cambio de uso de la tierra, que ha pasado de ser un hábitat natural a explotarse para la actividad agrícola. A esto se suma la sobreexplotación, como la sobrepesca o la recolección excesiva, y el impacto de las especies invasoras y las enfermedades. Hasta la fecha, el cambio climático no ha influido de manera importante, pero sin duda añadirá más tensión a la ecuación.
El consumo y la forma en la que actualmente extraemos los recursos han ejercido una importante presión sobre la capacidad de la naturaleza para reponer las reservas y mantener el equilibrio. Desde 1970, la población mundial se ha duplicado hasta alcanzar los 7800 millones de personas, y la actividad económica (PIB) se ha multiplicado por cuatro hasta alcanzar los 85 billones de dólares2. A pesar de esta prosperidad económica, el informe de seguridad alimentaria de la FAO3 para 2021 ha puesto de manifiesto que casi una de cada tres personas en todo el mundo no tenía acceso a alimentos suficientes en 2020.
El siguiente gráfico muestra la relación a largo plazo entre el crecimiento de la población, la riqueza y la pérdida de hábitat natural. Los datos se basan en la investigación académica de Vaclav Smil, de la Universidad de Manitoba (Canadá), junto con las previsiones económicas del historial exhaustivo de la base de datos Maddison de la Universidad de Groninga (Países Bajos). De las estimaciones se desprende que desde el año 0 hasta el año 1000 el volumen de carbono en la materia vegetal viva se redujo en 100 000 millones de toneladas. En los siguientes 800 años, disminuyó otros 150 000 millones de toneladas. Los siguientes 150 000 millones de toneladas solo requirieron 200 años, hasta el año 2000. Pensar a dónde podría llegar esta cifra si continuamos con un consumo descontrolado, en caso de que la población aumente un 25 % más de aquí a 2050, tal y como prevén las Naciones Unidas, resulta realmente inquietante.
En lo que respecta a la división de la tierra en el mundo, el WWF estima que el hábitat natural (excluyendo las zonas rocosas y áridas) ocupa ahora solo el 16 % de toda la superficie terrestre no helada. Solo el 16 %, que no es mucho. Los principales usos de la tierra son los siguientes: pastos (37 %), bosques/madera/plantaciones gestionadas (22 %) y tierras de cultivo (12 %). Solo el 1 % de la tierra está destinado a la construcción.
Un ejemplo de la amplitud del riesgo de perder biodiversidad lo vemos en la concentración de la agricultura en un conjunto reducido de especies. Aunque hay casi 400 000 especies de plantas en todo el planeta, solo nueve representan el 66 % de toda la producción de cultivos4. La diversidad genética que se encuentra en la naturaleza es una herramienta vital para hacer frente a las amenazas de enfermedades o plagas. El popular plátano Cavendish es un ejemplo de ello: es la especie agrícola dominante, con un cultivo anual de aproximadamente 55 millones de toneladas . No tiene semillas y se cría plantando brotes de una planta madre, por lo que todos los cultivos son idénticos. Pero una nueva cepa de la enfermedad de Panamá ha estado matando las plantas de Cavendish. Y, como estas plantas no tienen variedad, no se sabe cómo detener la propagación de la enfermedad. La situación actual es tal que hay que desarrollar y plantar una nueva variedad o se producirá un impacto significativo en muchos empleos rurales de Sudamérica y el Caribe.
Oportunidades a corto plazo
La primera opción a corto plazo es la reducción de los residuos masivos de la producción actual. Otra podría ser la reducción del uso de la tierra y del agua dulce en toda la cadena de suministro a nivel mundial.
Desperdicio: se calcula que el 30 % de los alimentos producidos en el mundo se desperdicia, según la FAO. Esto equivale a aproximadamente 1300 millones de toneladas al año, la mayor parte de las cuales no era necesario cultivar. El desperdicio se mide en dos partes: la pérdida de alimentos (producción) y el desperdicio de alimentos (venta al por menor y consumidores). Los residuos varían según el producto y el nivel de desarrollo del mercado. En los mercados desarrollados, la mayoría de los residuos se producen por parte de los consumidores. En los mercados emergentes, una proporción mucho mayor procede de las pérdidas que se dan a lo largo de la cadena alimentaria.
A modo de ejemplo, en Estados Unidos, la comida es el principal elemento que va a parar a los vertederos municipales. La EPA ha calculado que en 2010 se desperdiciaron 99 kilos de alimentos por persona. Los alimentos que se desechan cerca de la fecha de caducidad y la mala planificación de los consumidores (para los que los alimentos son un artículo de bajo coste) son problemas importantes que pueden parecer triviales; debería ser más fácil darles solución que mover montañas. Sin embargo, en la India, las grandes pérdidas de alimentos se deben a la falta de una cadena de almacenamiento refrigerada desde que los productos salen de las granjas hasta su compra por parte del cliente, junto con un sistema mayorista ineficiente con múltiples intermediarios que se dedican a distribuir los productos.
Los mercados de menores ingresos necesitan una mejor coordinación entre agricultores, mayoristas y minoristas para mejorar las infraestructuras y reducir los costes. En los mercados desarrollados, los minoristas desempeñan un papel importante en la reducción de los residuos, al igual que los consumidores, que deberían informarse de cuánto cuesta tirar tantas cosas.
Eficiencia: es de sobra conocido (como confirmarán muchos vegetarianos) que las verduras, los cereales y las legumbres requieren menos tierra para su cultivo y generan menos emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que la carne para obtener el mismo número de calorías. No cabe duda de que sustituir la carne en la dieta tendría un impacto considerable en el uso de la tierra y en las emisiones de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, lo que no se conoce tan bien y es motivo de optimismo, es la gama de eficiencias entre los productores. Los promedios citados a menudo ocultan el rango de cifras en el que se basan; además, a veces los rangos se superponen. Un esclarecedor estudio de la Universidad de Oxfordy6 comparó la cantidad de tierra utilizada para producir 100 g de proteína de una serie de productos en 38 700 granjas y 1600 procesadores.
Existen amplias gamas de eficiencia en los distintos productos. Para ejemplificar la cuestión de la media frente a la gama, se puede comparar la tierra utilizada por el productor medio de carne de vacuno para producir 100 g de proteína con la de los productores de carne de vacuno con mejor rendimiento. El productor del percentil 10 es una explotación más eficiente que todas las demás, excepto el 10 % de las mejores del grupo. En el caso de la carne de vacuno, el productor del percentil 10 utiliza un 74 % menos de tierra que la media. La tabla siguiente muestra la tierra utilizada y las emisiones de una serie de productos.
Incluso teniendo en cuenta los rangos, los números reflejan una imagen bastante clara en la mayoría de los aspectos. Los productores eficientes del percentil 10 de carne de vacuno, cordero/oveja, lácteos y cerdo de este estudio siguen utilizando más tierra y generando más emisiones que la media de los alimentos vegetales. (La única excepción fueron las nueces, que, aunque generan pocas emisiones, requieren bastante espacio para su cultivo). Sin embargo, el productor avícola del percentil 10 utiliza menos tierra y emite menos GEI que el productor medio de cereales, aunque las cifras no dan ninguna idea del tamaño de las cajas en las que pueden vivir los pollos, ni de la eficiencia del productor de piensos que vende a los granjeros.
Los rangos ofrecen comparaciones entre los mejores de su clase y los menos eficientes. Gracias a las herramientas para medir la eficiencia, una empresa puede buscar los puntos débiles de su cadena de suministro. Así, las empresas relacionadas con los proveedores con potencial para mejorar los rendimientos podrían canalizar más inversiones en formación, asesoramiento, tecnología y otros emprendimientos para generar un alto rendimiento de la inversión. Una vez más, la visibilidad de la cadena de suministro y una relación simbiótica con los proveedores son fundamentales. El mercado empieza a perder la paciencia ante las quejas por la dificultad de establecer el origen de ciertos productos.
Impacto de las empresas
Dado que la biodiversidad se ha visto afectada principalmente por el uso de la tierra, no es de extrañar que los mayores impactos estimados sobre la biodiversidad correspondan a los productos de consumo básico y a los extractores de materias primas. De hecho, 4 de las 5 compañías con mayor impacto son empresas de alimentación. Aunque las principales empresas de productos de consumo básico están consolidadas a nivel mundial y son grandes, es indudable que también existe un vínculo con los minoristas dedicados a la alimentación.
Los gráficos siguientes muestran el impacto estimado, medido en unidades de superficie, multiplicado por el porcentaje de reducción de la biodiversidad respecto a su estado original. Esto se conoce como Mean Species Abundance o abundancia media de especies por km² (de forma abreviada: MSA.km²). El impacto se mide a través de varias de las llamadas presiones, que incluyen el cambio de uso de la tierra y la invasión de los ecosistemas. El modelo desglosa los productos que vende una empresa en sus materias primas básicas y asigna presiones sobre la biodiversidad a cada una de ellas. El impacto se ajusta en función de la región de la que se estima que proceden (se trata de una estimación, ya que esta información no suele hacerse pública). Los resultados deben interpretarse con cautela, ya que las estimaciones se basan en aproximaciones y es posible que las grandes empresas tengan proveedores con un impacto inferior a la media, pero tal vez no. En cualquier caso, es un buen punto de partida, ya que proporciona una idea de la exposición, y a partir de ahí se puede investigar.
Tomemos como ejemplo a Nestlé, la mayor empresa alimentaria del mundo. Se estima que su huella global es de 202 300 MSA.km². Esto incluye tanto el impacto directo de su propia actividad como el impacto de sus proveedores. Las vacas de las lecherías proveedoras necesitan campos, que reducen la biodiversidad respecto a su estado natural; las vacas comen piensos que se cultivan en campos que ocupan más espacio, y tal vez requieren fertilizantes que afectan a los organismos vivos de los humedales o estanques, etc.
El primer gráfico es un medidor de lo que mueve la aguja de la balanza. En esta medida, cuanto más grande sea la empresa, mayor será la huella.
La siguiente tabla muestra las empresas según la dimensión del impacto, que divide la huella (MSA.km²) por los ingresos para mostrar el número de km² de impacto por cada millón de dólares de ventas. En esta medida, de nuevo 4 de las 5 son empresas alimentarias del sector de productos de consumo básico. Afortunadamente, se trata de un sector formado por multinacionales consolidadas, y un buen número de ellas ha invertido mucho en la cadena de suministro a lo largo de los años. Pero no se trata solo de esta área, ni mucho menos.
Conclusión
Los titulares nos han bombardeado con declaraciones alarmantes sobre todo tipo de amenazas existenciales: cambio climático, seguridad del agua, biodiversidad, deforestación... Sin embargo, los supermercados están bien abastecidos, el aire acondicionado funciona y la vida continúa para muchos de nosotros. Los inversores no comprenden bien la magnitud de la catástrofe ecológica, a pesar de su importancia para un futuro próspero. Las conexiones entre los recursos naturales, la cadena de suministro y las buenas prácticas de las empresas se hacen más evidentes gracias a las nuevas estadísticas, fruto de las nuevas normas de divulgación y de las bases de datos que recogen las tendencias.
En última instancia, el objetivo es reducir el impacto de los consumidores en la biodiversidad. Es probable que los reglamentos y las normas les supongan un coste mayor a los rezagados y a los que tengan un mayor impacto, al igual que ocurre con el cambio climático. Ahora es el momento de que los inversores comprendan la realidad del desafío y trabajen con los directivos para entender y abordar tanto los riesgos como las oportunidades que se presentan.
1. Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), con una estructura similar a la del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático).
2. Banco Mundial, crecimiento indicado en dólares constantes de 2010. El PIB mundial de 2020 (calculado en dólares estadounidenses actuales) fue de 84,7 billones de dólares.
3.FAO: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
4. FAO
5. Real Jardín Botánico de Kew -
https://www.kew.org/read-and-watch/bananas-threat-extinction
6.
https://josephpoore.com/Science%20360%206392%20987%20-%20Accepted%20Manuscript.pdf
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