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Estrategias fundamentales para proteger y hacer crecer los activos de los inversores en los mercados elegidos.
(En inglés)
Nos acercamos a la recta final del año y los mercados están ya en modo de recuperación de cara a las próximas fechas navideñas, anticipando un cambio de rumbo por parte de la Fed ante dos datos importantes: la inflación sigue a la baja tras un breve repunte y las cifras de empleo del mes de octubre apuntan a que el crecimiento del empleo ha comenzado a desacelerarse. En este caso, las malas noticias son buenas noticias, puesto que significan que la economía se está ralentizando y que, probablemente, la Fed ya no aplicará más subidas en un intento por cumplir con su doble mandato de lograr la estabilidad de precios y el máximo empleo.
Ya se han realizado grandes esfuerzos para combatir la inflación, por lo que el último sacrificio para conseguir reducirla al 2 % va a ser una ardua tarea, prácticamente imposible a corto plazo. Entendemos el tono duro de la Fed, pero también recordamos que no pareció importarle que la inflación se situara por debajo de esta cifra objetiva durante una década, por lo que realmente tampoco importaría si sube algo por encima de ese 2 %. Simplemente mantiene el discurso agresivo para guardar las apariencias. Ahora bien, no será fácil alcanzar el 2 % sin una recesión, por lo que los mercados no deberían dejarse llevar por la idea de un aterrizaje suave.
El debate acerca de la recesión se resume bien en el comentario en tono de broma del economista Paul Samuelson, quien señaló que «el mercado bursátil ha pronosticado nueve de las últimas cinco recesiones». Nosotros, no obstante, seguimos creyendo en una posible recesión, puesto que cuanto más tiempo se mantengan elevados los tipos de interés, mayores serán las probabilidades de que algo salga mal. Y, si bien nos encontramos ante pronósticos muy diversos, todo se reduce a lo que uno decide ponerse. Llevaremos siempre un paraguas a mano.
A diferencia de lo vivido en el pasado, prevemos un contexto complicado en el que cabe esperar cierta aversión al riesgo, lo cual sería la reacción típica al entrar en recesión. Pero esta vez las cosas han cambiado. La mayor parte de las empresas son prósperas: presentan balances saneados y los costes del servicio de la deuda más bajos de su historia —un 20 % del beneficio neto, frente al 80 % anterior a la crisis financiera mundial—. Lo que de verdad preocupa a los inversores son la deuda pública (de ahí la positiva evolución del oro y las criptomonedas) y las tensiones geopolíticas, que probablemente nos acompañarán a lo largo de 2024.
No creemos que sea el momento de aplicar cambios importantes en nuestra cartera, pero sí hemos aprovechado nuestra posición de liquidez para diversificar mediante fondos alternativos. En esta edición de Investors’ Outlook podrán leer detenidamente nuestras perspectivas para 2024, informarse sobre el dólar estadounidense y consultar la sección de preguntas y respuestas, donde nuestro analista de ESG aclara dudas acerca de la transición energética y lo que ésta supone para los inversores.
Esta publicación estará de vuelta a principios de febrero. Hasta entonces, teniendo en cuenta la dinámica del pasado año, permaneceremos atentos y proactivos al movernos por el cambiante panorama económico, y estaremos preparados y con ganas de aprovechar las oportunidades que nos reserve el año que está por venir.
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(En inglés)