De las materias primas a las energías renovables: la clave está en la receta

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En pocas palabras

  • ¿Ha muerto la transición ecológica? Creemos que no, aunque sí reconocemos que se ha vuelto más fragmentada y marcada por una creciente inestabilidad política. Los factores subyacentes, como las oportunidades económicas, la innovación tecnológica y el riesgo climático, siguen impulsando la transición.
  • Gran parte de la atención se ha centrado en los aspectos downstream de la descarbonización (como las energías renovables, los vehículos eléctricos o los edificios ecológicos), pero el camino hacia un sistema sin emisiones de carbono está pavimentado con metales y y aún debemos garantizar la seguridad energética mientras ampliamos esas alternativas limpias. Para construir un mundo con cero emisiones netas, necesitamos insumos upstream.
  • Invertir en los ingredientes, no solo en el plato final: Conviction Equities Boutique destaca el papel clave de los materiales en el impulso de la transición ecológica y por qué invertimos en empresas que hacen posible ese cambio

 

Las crecientes tensiones globales y los recientes cambios en las políticas han complicado la transición hacia la neutralidad de carbono. No solo el regreso del presidente estadounidense, Donald Trump, ha generado incertidumbre sobre el futuro de la política climática. En algunas partes de Europa, las centrales eléctricas de carbón vuelven a operar para asegurar el suministro de electricidad durante las crisis energéticas. A escala mundial, los combustibles fósiles están más integrados en la cesta energética de lo que muchos esperaban a estas alturas. Es lógico que los inversores se pregunten si la transición ecológica ha muerto. Muy por el contrario, creemos que sigue ganando terreno, y es probable que esta tendencia se acelere debido a la urgente demanda de electrificación y seguridad energética. En este contexto, los inversores deberían centrarse cada vez más en los «pilares upstream», es decir, los materiales y los recursos necesarios para esta transición, y no solo en el «plato final», formado por negocios downstream como las energías renovables, los vehículos eléctricos o los edificios ecológicos.

Si nos fijamos en las cifras, la transición ecológica parece ir viento en popa, impulsada por la fuerte demanda de soluciones energéticas más limpias, más económicas y con mayor capacidad de expansión. En 2024, la inversión en energía limpia alcanzó un máximo histórico de 2,1 billones de dólares, más del doble que el nivel de 2020, según el informe «Energy Transition Investment Trends 2025» publicado por BloombergNEF a comienzos de este año1. El transporte electrificado, las energías renovables y las redes eléctricas centraron la mayor parte de ese crecimiento. En los últimos cinco años, las alternativas limpias han superado a los combustibles fósiles, duplicando las tasas de crecimiento anual compuesto (gráfico 1). Esta evolución nos indica que la transición energética mundial sigue ganando terreno, aunque de forma desigual.

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A pesar de los reveses regionales como los que se mencionan anteriormente, la transición ecológica mundial no se está estancando. Las principales economías están redoblando sus esfuerzos en materia de energía limpia: la UE está cumpliendo sus compromisos climáticos con enormes programas de inversión, China está impulsando las energías renovables a un ritmo récord y Japón está avanzando en una ambiciosa estrategia de descarbonización. Es cierto que el progreso puede ser desigual, pero la tendencia general es avanzar hacia un futuro con bajas emisiones de carbono.

En este contexto, las tecnologías maduras, como las energías renovables o el transporte electrificado, cuentan con el respaldo de un análisis de costes y beneficios, ya que suelen ser económicamente viables sin necesidad de subvenciones, con gran potencial de escala y con un riesgo tecnológico reducido. Como resultado, reciben la mayor parte de la inversión en la transición energética, y esperamos que sigan creciendo a pesar de algunos obstáculos políticos.

Ávidos de energía

Otra razón por la que esperamos que esta tendencia no solo continúe, sino que incluso se acelere, es el desafío de la electrificación global. Dado que el mundo avanza hacia soluciones más eléctricas —pensemos en el transporte, la calefacción o incluso la industria pesada—, la demanda de energía no hace más que aumentar. Para satisfacer esta creciente demanda de manera fiable, asequible y sostenible, es preciso contar con una cesta energética equilibrada. Si bien la eliminación paulatina de los combustibles fósiles es esencial para la transición ecológica, una parada total e inmediata no resulta viable ni responsable. Debido a su naturaleza intermitente, la energía eólica y la solar, por ejemplo, aún no pueden asumir toda la carga, en particular durante los periodos de máxima demanda o de generación limitada. Por eso, el gas natural sigue siendo un «combustible puente» clave, reconocido por la CEPE como esencial para alcanzar los objetivos de acceso a la energía, asequibilidad y cambio climático2.

En general, los combustibles fósiles siguen satisfaciendo la mayor parte de las necesidades energéticas mundiales, por lo que un abandono abrupto probablemente causaría graves perturbaciones en las economías, las industrias y la vida cotidiana. La prioridad debe ser una reducción controlada y gradual del uso de combustibles fósiles que equilibre la descarbonización con la estabilidad económica y la seguridad energética. Esto implica acelerar el despliegue de las energías renovables, mejorar la eficiencia energética y modernizar las infraestructuras, aceptando al mismo tiempo que los combustibles fósiles seguirán desempeñando un papel transitorio a corto plazo.

De cara al largo plazo, merece la pena destacar la energía nuclear como una alternativa, baja en carbono y con potencial de escala frente al carbón y al gas. Junto con la energía hidroeléctrica y la geotérmica—ambas con limitaciones geográficas— la energía nuclear puede constituir la columna vertebral de un suministro energético limpio y gestionable. Sin embargo, la energía nuclear no es renovable en sentido estricto, pues depende de recursos extraídos, lo que vuelve a poner de manifiesto la importancia de la parte upstream también en el caso concreto de la energía nuclear, incluyéndose la extracción de uranio, la lixiviación y el refinado (conversión y enriquecimiento) en el marco general de la transición energética.

Cabe destacar que los diferentes recursos fósiles tienen impactos ambientales muy diversos (gráfico 2). Por eso, los sectores con consumo intensivo de energía están acelerando sus esfuerzos de descarbonización, movidos por los objetivos de neutralidad en carbono y un escrutinio público cada vez mayor. Para los inversores, esto abre la puerta a aprovechar un amplio abanico de oportunidades en toda la cadena de valor de la energía baja en emisiones de carbono. Esto incluye no solo a los facilitadores de la transición puros, sino también a determinados productores de energía tradicionales, en concreto, aquellos que pueden demostrar una estrategia creíble para avanzar hacia fuentes de energía con menos emisiones de carbono y que están aumentando activamente su participación en este tipo de actividades.

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Vemos que la transición ecológica se acelera, pero también se vuelve más compleja, lo que crea nuevas oportunidades, como las tecnologías de reducción de emisiones, por ejemplo, la captura de carbono y la energía nuclear, y los combustibles de nueva generación, como el hidrógeno y el combustible sostenible para la aviación.

La importancia del área upstream

La dimensión downstream de la transición (energías renovables, vehículos eléctricos, edificios ecológicos y tecnologías industriales limpias) ya se ha convertido en un componente fundamental de las carteras de renta variable global de numerosos inversores. Sin embargo, una transición ordenada hacia un mundo con cero emisiones netas requiere un uso intensivo de materiales y exige seguridad y estabilidad energéticas, al tiempo que se potencian las alternativas limpias. Por tanto, acertar en la parte upstream de la transición es crucial para el progreso general, si bien este es un aspecto que numerosos inversores suelen pasar por alto.

El camino hacia un sistema energético libre de carbono está literalmente pavimentado con metales (véase el gráfico 3). Para construir un mundo con cero emisiones netas, necesitamos insumos upstream: las materias primas y las infraestructuras que hacen posibles las tecnologías limpias. Cobre, litio, níquel, cobalto y aluminio, o los «cinco grandes». Son componentes clave de los paneles solares, las turbinas eólicas, las baterías y las redes eléctricas, que no pueden existir sin ellos. No es de extrañar, pues, que se prevea un aumento de la demanda de estos materiales en los próximos años. 

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Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), se augura que el valor de mercado de los minerales críticos para la transición se duplicará con creces para 2040, alcanzando unos 770.000 millones de dólares en el escenario de cero emisiones netas. Se espera que la demanda prácticamente se cuadruplique para 2040 en dicho escenario, alcanzando casi los 40 millones de toneladas3, si bien la oferta se enfrenta a dificultades para seguir el ritmo. Ese desajuste entre la demanda y la oferta seguirá siendo un cuello de botella crítico y un área clave para la inversión.

Hoy en día, seguimos dependiendo de la minería primaria. El desarrollo de nuevas minas se ha vuelto más caro y lento: el tiempo medio entre el descubrimiento y la producción actualmente es de 18 años, el triple que en la década de 1990. El aumento de los costes de capital, los obstáculos normativos y la resistencia de las comunidades agravan el desafío. El aumento de la oferta de minerales se complica aún más por los largos plazos necesarios para pasar de la identificación de un yacimiento mineral a su extracción, el aumento de la inflación de la inversión en gastos de capital necesaria para desarrollar nuevas minas y los efectos perjudiciales no intencionados que las minas suponen para las comunidades cercanas.

Esta es la razón por la que creemos que el reciclaje es fundamental. Probablemente, no sustituirá a la minería primaria, pero sí ofrece una valiosa fuente secundaria. El reciclaje puede mejorar la seguridad del suministro y reducir los residuos y el impacto medioambiental. Además, abre la puerta a que los inversores aprovechen esta emergente cadena de valor que abarca desde la extracción primaria de minerales (por ejemplo, cobre y litio) hasta la minería urbana y las tecnologías de procesamiento (por ejemplo, operadores y servicios de reciclaje, y equipos y tecnología de reciclaje), pasando por materiales innovadores (por ejemplo, polisilicio o cemento con bajas emisiones de carbono).

En un mundo que se enfrenta al aumento de los aranceles, la inflación y la fragmentación geopolítica, se espera que la minería urbana y las tecnologías de reciclaje desempeñen un papel más importante a la hora de hacer que las cadenas de suministro sean más resilientes. Los datos de la OCDE4 muestran que las restricciones a la exportación de minerales críticos se han multiplicado por más de cinco entre 2009 y 20235, lo cual, según la organización, supone un riesgo de aumento de los precios, interrupciones en la cadena de suministro y un obstáculo para la expansión de las energías renovables. Las tierras raras también fueron un punto central en las recientes negociaciones sobre aranceles entre Estados Unidos y China. Aunque China finalmente suspendió sus controles a la exportación, la persistente incertidumbre demuestra lo frágil y lo politizado que se ha vuelto el acceso a estos materiales clave.

Invertir en facilitadores del cambio

En Conviction Equities Boutique, una de las áreas de interés es el upstream, es decir, los pilares que hacen posible la transición al downstream. Desde las materias primas hasta las infraestructuras que hacen posible la transición, identificamos empresas esenciales para este proceso, pero que a menudo pasan desapercibidas para el capital convencional y, por tanto, cotizan a valoraciones poco exigentes. En vista de que el mercado comienza a reconocer la importancia de las empresas que proporcionan tales exposiciones upstream estratégicas, creemos que los facilitadores de la transición podrían experimentar una revalorización significativa. En concreto, un desequilibrio persistente entre la oferta y la demanda de materias primas críticas podría sentar las bases para un nuevo ciclo alcista, lo que proporcionaría un fuerte impulso a las empresas expuestas a los materiales habilitadores. Es de suponer que una fuerte necesidad de seguridad y estabilidad energéticas también beneficiaría a los proveedores de energía baja en emisiones de carbono.

Adoptamos un enfoque holístico y repetible basado en análisis fundamentales y nos centramos en los factores impulsores a largo plazo, concebimos flujos de efectivo plurianuales y nos centramos en empresas con ventajas competitivas, balances sólidos y capacidad para generar rentabilidades superiores. Para nosotros, es importante mirar más allá de los titulares y el ruido y comprender los ingredientes clave que intervienen en la transición ecológica. Para quienes adoptan una visión más amplia y con perspectiva de futuro, las ventajas son claras: las empresas que ofrecen soluciones escalables, con fundamentales sólidos y un enfoque hacia la rentabilidad a largo plazo pueden estar preparadas para liderar el cambio. Al invertir en todo el espectro, desde los recursos básicos hasta los facilitadores tecnológicos, los inversores tienen la posibilidad de contribuir tanto a acelerar la transición como a participar de sus beneficios.

 

 

 

 

 

1. Fuente: Fuente: BloombergNEF, Energy Transition Investment Trends 2025, enero de 2025. https://about.bnef.com/blog/global-investment-in-the-energy-transition-exceeded-2-trillion-for-the-first-time-in-2024-according-to-bloombergnef-report/
2. Fuente: Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE), «The role of natural gas in accelerating the energy transition», 10 de septiembre de 2024. https://unece.org/sustainable-energy/events/role-natural-gas-accelerating-energy-transition
3. Fuente: informe de la AIE, publicado en mayo de 2024. https://www.iea.org/energy-system/industry/critical-minerals
4. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), grupo internacional de países que promueve el crecimiento económico, el comercio y la mejora de la calidad de vida en todo el mundo.
5. Fuente: nota de prensa de la OCDE, publicada el 12 de mayo de 2025. https://www.oecd.org/en/topics/sub-issues/export-restrictions-on-critical-raw-materials.html

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