Que las redes eléctricas vuelvan a ser grandes
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En pocas palabras
- La aceleración de la demanda eléctrica expone las redes de suministro eléctrico como un cuello de botella crítico.
- La infraestructura envejecida y con déficit de inversión puede generar riesgos para la fiabilidad y la seguridad.
- El gasto en modernización de la red eléctrica está aumentando de forma estructural, impulsado por la sustitución de activos, la expansión, la automatización, la digitalización y las medidas de resiliencia; el almacenamiento de energía crece a un ritmo aún más rápido para respaldar la flexibilidad y la fiabilidad.
- Un ciclo de inversión sostenido beneficia a las empresas de servicios públicos y a las empresas industriales que suministran equipos esenciales para la red eléctrica.
Tras una década en la que las ganancias de eficiencia energética superaron el crecimiento subyacente, la demanda eléctrica mundial vuelve a aumentar. La era de la electricidad acaba de comenzar. La electrificación del transporte, la calefacción y la industria, combinada con la rápida expansión de los centros de datos, está reconfigurando rápidamente el panorama energético. Este cambio estructural está generando importantes oportunidades de inversión. Al mismo tiempo, las debilidades críticas en la infraestructura eléctrica se vuelven cada vez más evidentes y, en nuestra opinión, ya no pueden ignorarse.
Redes eléctricas: columna vertebral y cuello de botella
Las redes eléctricas son esenciales para conectar la generación de electricidad con el consumo y para equilibrar la oferta y la demanda en tiempo real. Sin embargo, la mayoría de las redes se diseñaron hace décadas para sistemas centralizados basados en combustibles fósiles. No están adaptadas a la combinación energética actual, descentralizada y con alto peso de las energías renovables, ni al fuerte aumento de la electrificación. El crecimiento de la inteligencia artificial (IA) y la computación en la nube, que requieren conexiones muy fiables a la red eléctrica, agrava aún más la situación. Mientras tanto, las inversiones en la red eléctrica no han seguido el ritmo necesario en muchas regiones. En consecuencia, las redes eléctricas son señaladas cada vez más como el principal obstáculo que frena el despliegue de nueva generación eléctrica, y con ello la descarbonización y, en última instancia, el crecimiento económico.
Infraestructura envejecida y congestión creciente
En las economías occidentales, el débil crecimiento de la demanda eléctrica durante la última década y la presión regulatoria para mantener las tarifas bajas desincentivaron la inversión en la red eléctrica. Como resultado, una parte importante de la infraestructura supera ampliamente su vida útil de diseño. Hoy, más del 70 por ciento de la red eléctrica de Estados Unidos tiene más de 25 años, y la mayor parte se construyó en las décadas de 1960 y 1970.1 En Europa ocurre algo similar: alrededor del 40 por ciento de las redes supera los 40 años de antigüedad.2
Pese al reciente aumento del gasto, las limitaciones de infraestructura siguen siendo graves. La capacidad de transmisión insuficiente provoca con frecuencia limitaciones de generación renovable cuando la oferta supera la capacidad de la red para transportar la energía hasta los puntos de consumo. Aunque las limitaciones de generación se producen con mayor frecuencia en sistemas eléctricos con una elevada proporción de energías renovables, las redes inadecuadas y la escasa flexibilidad de la demanda agravan el problema.
Al mismo tiempo, las colas de conexión para nuevos proyectos de generación eléctrica siguen creciendo. Según las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), más de 2 500 gigavatios de proyectos de generación renovable, gran consumo y almacenamiento están actualmente en espera de conexión en todo el mundo.3 Los plazos de entrega cada vez más largos, el aumento de los costes de los equipos y la inflación limitan aún más los presupuestos, ampliando así la brecha entre los volúmenes de inversión y la expansión real de la red eléctrica.
Resiliencia, cambio climático, impacto económico
La inestabilidad de la red eléctrica puede provocar pérdidas de energía, apagones y perturbaciones económicas de mayor alcance. El envejecimiento de los equipos incrementa las pérdidas térmicas y magnéticas, mientras que los errores de medición, las ineficiencias y el fraude presionan las finanzas de las compañías eléctricas, lo que podría traducirse en última instancia en tarifas más elevadas para los consumidores. El cambio climático amplifica estos riesgos. Las olas de calor, inundaciones y tormentas cada vez más frecuentes ejercen una presión adicional sobre redes no diseñadas para tales condiciones, lo que refuerza la urgencia de la inversión orientada a la resiliencia.
Además, la resiliencia se ha convertido en un imperativo de seguridad nacional, impulsada y subrayada por las tensiones geopolíticas más recientes en Oriente Medio (Nuestro mundo en transformación exige energy sovereignty). Las redes eléctricas sustentan servicios esenciales, operaciones de defensa e infraestructura digital. Por ello, numerosos países han puesto en marcha iniciativas centradas en el refuerzo de la red eléctrica y el despliegue del almacenamiento, así como en la agilización de los procesos de autorización y la mejora de la ciberseguridad. Reforzar la protección frente a amenazas físicas y cibernéticas debería reducir la exposición a perturbaciones de precios y el riesgo de interrupciones del suministro.
El gasto en redes eléctricas: una tendencia duradera
No es de extrañar que la modernización de la red eléctrica represente una oportunidad de crecimiento sustancial. El gasto parte de una base de partida reducida y, por ahora, una buena parte se destina a sustituir infraestructura obsoleta. No obstante, se espera que las inversiones en expansión de la red eléctrica y en tecnologías avanzadas crezcan a tasas de doble dígito en los próximos años. Las soluciones innovadoras en automatización de la red eléctrica, como el control avanzado del flujo de potencia y el software impulsado por IA, son ya imprescindibles para mantener la fiabilidad en sistemas con alta penetración de las renovables y recursos energéticos distribuidos. Sin embargo, la ejecución es compleja. Los proyectos pueden enfrentarse a costes crecientes de mano de obra y materiales, largos procesos de autorización o dilatados plazos de entrega de equipos.
Previsiblemente, los sistemas de almacenamiento de energía se expandirán incluso más rápidamente que la propia infraestructura de red eléctrica. La seguridad energética y la flexibilidad de la red siguen impulsando su despliegue. El creciente peso de la energía solar y eólica exige soluciones de almacenamiento para mitigar la intermitencia, proporcionar energía de respaldo y trasladar la demanda a períodos de menor consumo. Aunque el diseño de mercado y los mecanismos de remuneración siguen siendo desiguales según la región, la caída de los costes de las baterías continúa mejorando el atractivo de la inversión.
Efecto HALO: activos de gran envergadura, baja obsolescencia
La inversión en infraestructuras energéticas sigue siendo uno de los principales ámbitos de crecimiento, respaldada por un consenso normativo más amplio. Los procesos de autorización se están simplificando y los reguladores están ajustando los retornos permitidos para fomentar la asignación de capital. Esto beneficia a las empresas de servicios públicos cuyos ingresos están a menudo vinculados a la base de activos regulada. Unos retornos más elevados y predecibles pueden incentivar la inversión adicional. Y, en efecto, los gastos de capital (capex) se están acelerando en un sector de la economía «tradicional» cuya infraestructura es difícil de replicar rápidamente, dado el elevado coste de entrada, los estrictos requisitos regulatorios, los prolongados plazos de construcción y la considerable complejidad de ingeniería.
Una parte significativa del capex de las empresas de servicios públicos beneficia directamente a las empresas industriales que suministran los equipos correspondientes, incluidos cables de alta tensión, transformadores, condensadores síncronos, electrónica de potencia, tecnologías de redes inteligentes y soluciones de medición o de formación de red. A medida que muchos operadores de red de todo el mundo buscan modernizar sus redes al mismo tiempo, la demanda de equipos críticos aumenta con fuerza y las carteras de pedidos se están llenando.
La convergencia de la electrificación, la digitalización y la descarbonización impulsa un ciclo de inversión sostenido en redes eléctricas. Los inversores que contribuyen a eliminar los cuellos de botella del sistema energético y a reforzar su resiliencia impulsan así la transición del sistema energético hacia una energía más limpia y fiable. Además, pueden desbloquear el potencial de valor añadido a largo plazo.