Geopolítica y cambio climático

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Claves para los inversores

¿Cuál es la relación entre geopolítica y cambio climático?

En gran parte, el cambio climático es consecuencia de la revolución industrial y la transición energética del pasado, pues los recursos explotados entonces han conformado el panorama geopolítico actual. Hoy en día, muchos de los países que emplearon tales recursos basados en el carbón tienen que elegir entre frenar o agravar el cambio climático con sus políticas y acciones. No obstante, las tensiones geopolíticas y las preocupaciones derivadas en materia de seguridad energética serán decisivas en las decisiones que adopten. La pregunta sigue siendo: ¿podrá controlarse el cambio climático a medida que los países aúnan fuerzas para aprobar políticas colectivas? ¿O quedará en un segundo plano en medio de la lucha geopolítica, y los países deberán afrontar cada uno por su cuenta las consecuencias del calentamiento global a escala nacional, viéndose obligados los contribuyentes a pagar la factura de los desastres naturales y el calentamiento global?

El cambio climático podría dando forma a las relaciones entre países.

El cambio climático está causando daños y afectando a los recursos directamente debido a los fenómenos meteorológicos extremos y desastres naturales que conlleva, aunque también de forma indirecta debido a sus efectos en la economía y los mercados financieros. Por ejemplo, cuando aumentan las sequías en determinadas regiones, esto se traduce en una mayor escasez de recursos alimentarios para la población local (impacto directo). También provoca que el caudal de los cursos fluviales se reduzca, como en el caso del Canal de Panamá o del río Rin, lo que dificulta el transporte de mercancías, algo que a su vez repercute de forma negativa en la economía (impacto indirecto). Por el contrario, el cambio climático puede acelerar otras rutas de transporte, pues algunos cursos fluviales que antes estaban bloqueados por el hielo se vuelven navegables a medida que el clima se hace más cálido. Un ejemplo sería la ruta del mar del Norte. Es muy probable que el cambio climático también provoque el aumento de la migración. Si bien se prevé que la mayor parte de los movimientos migratorios se den dentro de las fronteras nacionales, también está previsto un aumento de la migración transfronteriza. Esto supondrá inevitablemente mayores presiones geopolíticas y elevará las tensiones en las fronteras nacionales.

¿Una «tapadera climática» para las políticas industriales?

Por supuesto, los países pueden excusarse en el cambio climático para justificar políticas comerciales que, en realidad, estén dirigidas a proteger sus industrias nacionales de la competencia extranjera. A menudo, los gobiernos recurren a subvencionar a sus productores internos e imponen aranceles y barreras comerciales, como hizo recientemente la administración Biden al cuadruplicar los gravámenes que impone a la importación de coches eléctricos chinos. ¿Podría convertirse el cambio climático en una oportunidad para encubrir políticas comerciales proteccionistas? De ser así, es probable que esto ponga freno tanto al ritmo de la transición verde como a su alcance, puesto que cualquier restricción al acceso a productos de bajo coste tenderá a aumentar el coste total de la transición. Los datos del año pasado confirman que los gobiernos citan la «mitigación del cambio climático» como un factor que interviene en casi el 30 % de sus políticas industriales para la protección de las ramas de producción nacionales, siendo las economías avanzadas las que más emplean este argumento. Inevitablemente se plantea la pregunta de si los gobiernos están haciendo esfuerzos genuinos para frenar el cambio climático o si simplemente lo están utilizando a modo de «tapadera» en un intento por ocultar sus impulsos proteccionistas.

¿A dónde irán a parar probablemente nuestros impuestos?

Es probable que, en el futuro, las políticas fiscales que incluyan fondos destinados a gastos para labores de mitigación del cambio climático se cuestionen cada vez más. Ahora que la geopolítica ha acaparado la atención general, es muy posible que parte del dinero deje de destinarse a alcanzar los objetivos climáticos, pasando más bien a metas como mejorar la seguridad y defensa nacionales. Europa es un caso especial, ya que la UE podría combinar ambas cosas. Una economía menos dependiente de los combustibles fósiles podría reducir la vulnerabilidad geopolítica y la dependencia energética de la UE. Pero, incluso aquí, las últimas elecciones al Parlamento Europeo han demostrado que el foco de los votantes está pasando de los temas «ecológicos» hacia la seguridad nacional y la inmigración.

Cambios en el equilibrio y surgimiento de la multipolaridad.

Cualquier acción que se aparte de una economía basada en los combustibles fósiles y se dirija hacia una infraestructura electrificada también decantaría el equilibrio de poder en detrimento de los países exportadores de combustibles fósiles, en favor de aquellos que explotan o refinan los metales y minerales necesarios para la transición verde. Aun así, la necesidad de combustibles fósiles no desaparecerá de la noche a la mañana, puesto que siguen conformando más del 80 % de las necesidades energéticas a escala mundial. Además de la lucha hegemónica entre China y Estados Unidos, vemos un nuevo frente en la multipolaridad global, en combinación con la escasez de recursos. Los estados ricos en materias primas (en particular, aquellos con recursos necesarios para la transición verde) podrían convertirse en «estados oscilantes» entre la OTAN/Occidente y China/Rusia/Oriente. Esto podría reavivar guerras por delegación que desestabilizarían aún más a países con recursos importantes, pero una débil gobernanza.

¿A qué debemos estar alerta como inversores?

En el entorno actual, los inversores deberían vigilar de cerca cualquier cambio que se dé en el panorama político, como las elecciones en India o la UE, así como las elecciones en Estados Unidos, y cómo estos acontecimientos podrían cambiar el impulso de la transición verde frente a otras prioridades políticas, como la seguridad nacional y fronteriza o la política industrial. En este periodo transitorio, creemos que los inversores deben considerar tanto la continua necesidad de combustibles fósiles durante la transición como las ventajas a largo plazo de invertir en sectores que se beneficiarán durante décadas. Los desarrollos geopolíticos a corto y largo plazo serán determinantes para la transición. En el caso de aquellos inversores que buscan soluciones «preparadas para el futuro» para sus carteras, no parece que de momento haya muchas alternativas a centrarse en las inversiones «preparadas para la transición».

 

 

 

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