Renta fija 2023: un retorno a los retornos

TwentyFour
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“El año que viene por estas fechas, Rodney…”

Tras el que va camino de ser uno de los peores años del que se tiene registros para el comportamiento de la típica cartera 60/40, la inmensa mayoría de los inversores mundiales estarán impacientes por dejar 2022 y centrarse en las perspectivas para el año que viene.

A 30 de noviembre, prácticamente todas las clases de activos no monetarios (con la excepción de algunas materias primas) estaban claramente en territorio negativo para el conjunto del año, después de que los mercados descontaran con rapidez la inflación y los intentos cada vez más agresivos de los bancos centrales por contenerla. Siendo la política monetaria la causa raíz, la renta fija obviamente ha concentrado el sufrimiento de los mercados en 2022. Ha sido uno de los peores años (si no el peor) para el comportamiento de los bonos de gobierno, lo que asestó al crédito el doble mazazo de la debilidad de los tipos y la ampliación de los diferenciales en el momento en que los mercados comenzaron a temer que los bancos centrales estuvieran pilotando la economía mundial hacia un aterrizaje brusco.

Hay buenas razones para que los inversores en renta fija esperen que las cosas vayan mejor en 2023. Los mercados han soportado mucho y, además, parecen haber descontado ya una cantidad sustancial de malas noticias. Cuando nos sentamos a debatir y construir estas previsiones, el equipo confiaba en que finalmente empecemos a ver los peores momentos por el retrovisor. Nos parece improbable que asistamos a una recuperación lineal como la que disfrutamos entre abril de 2020 y mediados de 2021, por ejemplo, pero, habida cuenta de las yields actuales, creemos que los mercados de renta fija están bien posicionados para generar retornos positivos en 2023.

Los bancos parecen atractivos en sus distintos segmentos de capital, al igual que sucede con los bonos de titulización hipotecaria garantizados (RMBS) europeos de alta calidad y las obligaciones garantizadas por préstamos (CLOs), terreno en el que pensamos que los diferenciales pueden estrecharse de manera significativa. La velocidad y extensión del retroceso de 2022 ha supuesto que incluso los bonos de calidad de inversión (IG) de corta duración estén ofreciendo una yield mayor que en cualquier otro momento desde la crisis financiera global1, por lo que vemos buenas oportunidades de valor incluso en el tramo de más alta calidad, el extremo más seguro del espectro de riesgo tradicional. Como prevemos una recuperación desigual, pensamos que las mejores oportunidades en renta fija serán específicas para ciertos valores en 2023, pero indudablemente las yields iniciales en la clase de activos nos llevan a pensar que los inversores no necesitarán acudir al riesgo para generar retornos positivos.

Menos incógnitas de cara a 2023

A medida que nos acercábamos al final de 2021, nos pareció muy claro que el mantra de los bancos centrales de la inflación transitoria era incorrecto y que iban muy por detrás de la curva en sus subidas de tipos para contribuir a frenar la inflación. Parece que estábamos en lo cierto en ambas cuestiones pero, como tantos otros, nos equivocamos en lo terca que demostraría ser la inflación, así como en la velocidad y alcance subsiguientes de las alzas de tipos que serían precisas para ayudar a domarla.

La invasión rusa de Ucrania en febrero cambió por completo el juego de las perspectivas sobre la inflación. La guerra encendió la mecha de un estallido global de precios de las materias primas que, unido a la perturbación subsistente de las cadenas de suministro, impulsó la inflación a niveles que hasta entonces nadie contemplaba. En lugar de la bajada intra-ciclo que preveíamos entonces, lo que sucedió fue uno de los ciclos de subida de tipos más rápidos de la historia de EE.UU., con la Reserva Federal intentando ponerse al día y el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo siguiendo su estela. El movimiento resultante en los mercados de tipos fue igualmente agresivo y su impacto en el comportamiento del resto de la renta fija (y de la mayoría de otros activos) está bien documentado.

Los últimos 11 meses se podrían resumir, quizás, como el miedo de los mercados a lo desconocido; o más bien, a una serie de incógnitas: la inflación, la política monetaria, la interrupción de la cadena de suministro, la guerra en Ucrania, una crisis energética europea, la política china con respecto al COVID, el terremoto político en el Reino Unido, la resiliencia del consumidor, el momento y la profundidad de la recesión.

Si hubiera algo positivo con lo que quedarse de este muy difícil 2022, sería que el ritmo acelerado de este ciclo ha contribuido a despejar o al menos reducir buena parte de esas incógnitas.

La inflación en EE.UU. parece haber cambiado por fin y pensamos que podría bajar con bastante rapidez en los próximos seis meses. Nos parece, pues, que estamos muy cerca del techo de los tipos en ese país, y que tenemos hoy más certidumbre en torno a los planes de la Fed de la que hayamos disfrutado en ningún otro momento durante 2022. Dada la magnitud de las ventas masivas, no nos sorprendió ver una sucesión de repuntes bajistas a medida que avanzaba el año, pero creemos que la fuerte recuperación del crédito tras el hito del dato de la inflación estadounidense a primeros de noviembre llega con retraso y está más que justificada. Al mismo tiempo, el regreso de la oferta al mercado primario ha demostrado que los inversores tienen mucho efectivo sin colocar y, lo que es más importante, están listos para ponerlo a trabajar.

Hacer pronósticos sobre crisis geopolíticas no suele servir para nada, pero los recientes acontecimientos en la guerra Rusia-Ucrania parecerían sugerir que se podrán evitar los presagios más funestos. Por otro lado, el peor de los escenarios, cristalizado en apagones y racionamiento energético en Europa, también debería poder evitarse, gracias a un descenso de los precios y al éxito en la búsqueda de fuentes alternativas al suministro ruso.

Con diferencia, lo más positivo de cara a 2023 son las yields iniciales en la renta fija, que, en nuestra opinión, continúan descontando muchas más malas noticias de las que probablemente veremos en los próximos 12 meses. Las yields de equilibrio ahora están ofreciendo a los tenedores de bonos una protección ante posibles caídas y nos parece que los inversores pueden construir sus carteras para 2023 sin temor a los mismos niveles de perturbación a los que se enfrentaron en 2022.

Entre las incógnitas que subsisten, creemos que la más significativa es el nivel de daño que unos tipos “altos durante más tiempo” podrían hacer a los fundamentales económicos. En términos macro, vemos tres posibles consecuencias globales en 2023:

  1. Aterrizaje brusco (20% de probabilidad): en nuestro peor escenario posible, contemplamos una fuerte subida del desempleo, un PIB acusando con fuerza el golpe, una propagación de malas calificaciones (bajadas de ratings) y unas tasas de morosidad disparadas. Con este telón de fondo, esperaríamos que la Fed bajase tipos con fuerza y que los bonos del Tesoro de EE.UU. repuntasen pero los diferenciales de crédito se ensancharían aún más. Sin embargo, apreciamos fundamentos sólidos en el sector bancario y los ratios de cobertura de la deuda de las empresas hacen razonablemente improbable un aterrizaje brusco.
  2. Aterrizaje suave (30%): en nuestro mejor escenario posible, la inflación comienza a bajar; no se acerca siquiera al objetivo del 2% pero sí que se queda en torno al 4%. El desempleo crece pero no abruptamente ni hasta un nivel excesivo, de manera que no es suficiente para un aterrizaje brusco. La Fed se queda a la espera, por lo que las carteras no obtendrían mucha ayuda de los tipos, aunque sí de unos tipos elevados que nos proporcionarían mayores ingresos. También esperaríamos que los diferenciales de crédito aumentasen de forma considerable.
  3. Aterrizaje “suavecillo” (50%): nuestro escenario base prevé que la inflación continúe descendiendo hasta un nivel más aceptable para la Fed, pero con el desempleo creciendo moderadamente, lo bastante como para considerar un relajamiento de la política monetaria, al menos. Podríamos no asistir a una bajada de tipos en 2023, pero pensamos que hay un catalizador para el cambio de política y que, más avanzado el año, presenciaremos un giro en la retórica de la Fed preparando una flexibilización. En este escenario, esperaríamos que los tipos registren un último repunte y, aunque no esperamos que los diferenciales se amplíen de manera significativa, sí vemos a ciertos sectores mejorando la media del mercado y, con ayuda de los tipos, las carteras podrían conseguir la rentabilidad de sus yields de partida y adicionalmente una pequeña ganancia de capital.
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EE.UU. y la Reserva Federal

Pese al enfoque agresivo de la Fed con respecto al endurecimiento de las condiciones financieras, la economía estadounidense ha mantenido hasta ahora su solidez y el consumidor ha absorbido la crisis del coste de la vida mejor de lo que cabría esperar, ayudado en gran parte por un mercado laboral muy ajustado y una tasa de desempleo que se ha mantenido baja.

El desempleo estadounidense podría convertirse en un indicador clave para el performance de los activos el año que viene, pues va a ser uno de los componentes esenciales que determine la senda de los tipos y, en particular, la posibilidad de un “vuelco” en la política de la Fed. Si la tasa de desempleo permanece por debajo del 4,5 por ciento (en este momento es del 3,6 por ciento), no pensamos que la Fed se sienta muy presionada a relajar su política monetaria. No obstante, merece la pena señalar que, pese al buen ajuste del mercado de trabajo, cuando la tasa de desempleo comienza a subir suele a hacerlo de manera agresiva y, en consecuencia, estaremos muy atentos a lo que digan los CEO de las empresas en busca de indicadores tempranos de que el recorte de empleos que hemos visto en diversos gigantes tecnológicos se pueda hacer extensivo al conjunto de la economía.

Aunque subsistan multitud de incertidumbres en cuanto al impacto último de la política de subida de tipos de la Fed –y hemos de ser conscientes de que se producirá una demora hasta el impacto completo de esta política–, esperamos que la economía estadounidense se mantenga sólida y que, si se produce una recesión en 2023, sea relativamente benigna. En conjunto, pensamos que la economía de EE.UU. debería conseguir crecer ligeramente el año que viene, ayudada por una pausa de la Fed en la medida en que la inflación continúe descendiendo.

Esperamos que la inflación se muestre bastante resistente en EE.UU. pero creemos que la Fed ya ha hecho el trabajo duro y por tanto prevemos que el IPC vuelva a descender por debajo del cinco por ciento el año que viene, quizás incluso hasta del cuatro por ciento. Pensamos que la tasa de inflación mensual también descenderá de manera muy significativa en ese país a lo largo de 2023, alcanzando en torno al 0,2 por ciento antes de final de año.

Se espera que la Reserva Federal suba tipos 50 puntos básicos en la reunión del 14 de diciembre, situando el límite superior en el 4,5 por ciento, y hay cierta confianza en que ese pueda ser el techo de los tipos de interés, aunque a nosotros nos parece ciertamente que se podría argumentar la necesidad de otros 25-50 puntos básicos de alzas en 2023. Aunque pensamos que nos estamos aproximando a los tipos máximos, no estamos todavía en territorio de un “giro de 180°” de la Fed. No creemos que vayamos a ver una rebaja de tipos el año que viene, pues nos parece que la tasa de desempleo se mantendrá lo suficientemente baja como para que la Fed se centre únicamente en la inflación.n.

Extrapolando esa visión a la rentabilidad del Tesoro estadounidense, si damos por supuesto que ni EE.UU. entrará en recesión ni la Fed invertirá su política monetaria en 2023, durante la mayor parte del año no habrá un catalizador para que las yields de los UST se ajusten. En última instancia, pensamos que los Treasuries a 10 años cerrarán el ejercicio cerca de donde están actualmente, alrededor del 3,75 por ciento, si bien los mercados podrían comenzar a descontar los recortes de tipos para 2024 a finales del año que viene. Esperamos una curva plana hasta la zona de los 30 años, pero manteniendo la inversión de la curva entre 2 y 10, pues pensamos que los tipos básicos permanecerán sin cambios o subirán ligeramente durante todo 2023.

También se espera que la Fed alcance el billón de dólares de endurecimiento cuantitativo (QT) durante el año, y en este punto debemos dejar constancia de que hay pocas referencias históricas sobre cómo evolucionará esto en cuanto a su posible impacto en la economía o en las yields de los UST en general. Como dijimos, persisten algunas incertidumbres.

Europa y el BCE

La Eurozona se enfrenta a muchos retos: una guerra a sus puertas, factores externos (principalmente los costes de la energía) que fuerzan la inflación a niveles nunca experimentados por el BCE, una mano de obra aparentemente inflexible que fuerza las tasas de desempleo a mínimos históricos y el temor a que la inflación salarial pueda acabar convirtiéndose en un problema más amplio en la región (aunque por el momento creemos que las demandas sindicales siguen siendo razonables).

Esperamos que la Eurozona entre en recesión el año que viene, aunque de nuevo pensamos que debería ser relativamente leve, gracias a la reciente mejora de las perspectivas energéticas. Por supuesto, también hay muchas incógnitas a la hora de analizar las perspectivas de la economía europea, la mayor de las cuales es claramente la guerra en curso en Ucrania. Un alto el fuego sería muy positivo para la economía de la zona euro y probablemente cambiaría nuestra opinión.

Por otro lado, la Eurozona se encuentra en una situación más difícil que EE.UU. en materia de inflación, ya que el BCE ha tardado más en subir tipos y además tiene que hacer frente a mucha inflación externa, sobre la que tiene poco poder. De hecho, prevemos que la inflación descienda, pero manteniéndose en niveles mucho más altos que los observados con anterioridad, probablemente en torno al 5,5 por ciento. Contemplamos que la tasa de inflación mensual sea el doble que la de EE.UU. a finales de 2023. Esta previsión se ve oscurecida, claro está, por las intervenciones estatales, como la limitación de los precios de la energía, cuyo impacto en la tasa de inflación oficial es difícil de cuantificar en este momento.

El BCE ha subido tipos 200 puntos básicos hasta alcanzar el 1,5 por ciento este año, y los mercados proyectan alzas de otros 150 puntos básicos durante 2023, algo con lo que estamos de acuerdo en general. Dicho esto, hemos mantenido un gran debate sobre la política del BCE y si 150 puntos de subidas podrían resultar excesivamente ambiciosos, dadas las presiones económicas. Mucho dependerá de cómo responda la inflación a los incrementos que hemos visto hasta ahora. Aun en septiembre, el BCE mantenía sus tipos en el cero por ciento cuando la Fed ya estaba en el 2,5 por ciento, por lo que creemos que cabe esperar un efecto sostenido de demora en Europa.

Con la rentabilidad del Bund a 10 años actualmente apenas por debajo del dos por ciento, prevemos que subirán entre 50 y 75 puntos básicos el año que viene. No obstante, es obvio que existe diversidad de opiniones en el Consejo de Gobierno del BCE y, habida cuenta que los países de la Eurozona siguen caminos claramente diferentes, las posturas podrían divergir aún más en 2023, lo que podría influir significativamente en los tipos.

El equipo también se mostró dividido sobre si el BCE logrará el levantamiento de la QT el próximo año, con la mayoría de los votos en contra y habiéndose conseguido un máximo de 200.000 millones de euros.

El Reino Unido y el Banco de Inglaterra

El Reino Unido se enfrenta a muchos de los mismos problemas que la Eurozona y, aunque la desastrosa respuesta al "mini-presupuesto" de finales de septiembre parece haber quedado atrás, creemos que su impacto podría ser más duradero; la Declaración de Otoño del nuevo gabinete dejó claro que es necesario equilibrar las cuentas. Prevemos una recesión más severa en el Reino Unido, con una contracción de alrededor del uno por ciento en 2023, ya que las empresas y los consumidores se enfrentan a tipos más altos e impuestos más elevados. Aunque el desempleo se ha mantenido muy bajo, se espera que el gasto de los consumidores se ralentice sustancialmente. La inflación debería descender de forma bastante acusada respecto de su muy elevado nivel actual pero pensamos que se mantendrá ligeramente por encima de la de la zona euro dentro de 12 meses, si bien hacemos la misma advertencia de que aún no se conoce del todo el impacto de la intervención sustancial del gobierno en el mercado de la energía.

El Banco de Inglaterra ha dejado muy claro que, en su opinión, los factores externos han sido el principal factor de la inflación, pero está decidido a subir los tipos hasta que la inflación esté bajo control. Dicho esto, Andrew Bailey y compañía también tendrán un ojo puesto en sus propias sombrías perspectivas de crecimiento económico.

El Banco de Inglaterra ha subido los tipos 275 puntos básicos hasta situarlos en el tres por ciento este año, pero creemos que debe continuar por esta senda y, por tanto, esperamos que los tipos alcancen el cuatro por ciento en 2023 en su intento de atajar la inflación, que actualmente rebosa el nivel del 11 por ciento. La rentabilidad de los Gilt británicos ha repuntado con fuerza desde la disolución del gobierno de Liz Truss, pero dada la probable senda de subidas de tipos, pensamos que la rentabilidad a 10 años necesita volver a acercarse al cuatro por ciento, aunque hubo mucho debate y divergencia en el seno del equipo con respecto a la política y los tipos del BoE. También se espera que la curva entre 2 y 10 años permanezca invertida pero que, de nuevo, continúe plana de 10 a 30 años. Las proyecciones recogen asimismo que el banco central británico consiga entre 75.000 y 100.000 millones de libras de QT.

Hay que decir que nuestras perspectivas para el crecimiento mundial son más positivas, siendo la posibilidad de una relajación de la política de COVID cero en China un acontecimiento bienvenido y potencialmente significativo. Esperamos que el crecimiento del PIB mundial supere el dos por ciento en 2023, batiendo así al de EE.UU. o Europa.

Perspectivas de sólida rentabilidad del crédito

A pesar de unas proyecciones que incluyen a EE.UU. bordeando la recesión y tanto la Eurozona como el Reino Unido zambulléndose en ella, el punto de partida de las yields, sumado a la expectativa de un ciclo de morosidad relativamente suave, nos lleva a pensar que la renta fija puede ofrecer sólidos retornos a los inversores en 2023. Los diferenciales se han contraído con fuerza en el cuarto trimestre impulsando un rally y juzgamos probable que se produzca una ampliación de dichos diferenciales de high yield en el primer semestre del próximo año a medida que se consoliden los temores de recesión y la economía se debilite, si bien esperamos que los diferenciales vuelvan a recuperarse en el segundo semestre. Cabe la posibilidad de que estemos siendo demasiado prudentes en nuestras perspectivas para el crédito y que, a finales de 2023, la perspectiva de bajadas de tipos en 2024 ayude a que los diferenciales se contraigan con más fuerza que lo que prevé nuestra hipótesis de base.

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Bancos, ABS e IG parecen todos atractivos

Aunque no esperamos un fuerte repunte de las yields del Tesoro de EE.UU. desde donde nos encontramos en este momento, creemos que mantener los UST a 10 años puede proporcionar a una cartera al mismo tiempo yield y equilibrio, así como ayudar a gestionar el riesgo bajista si finalmente EE.UU. entrara en una recesión más grave. Los miembros del Comité de la Reserva Federal insisten en su retórica de halcones, y aunque no es nuestro caso de base, no cabe descartar que puedan seguir subiendo tipos de manera agresiva incluso aunque el IPC continúe descendiendo. Existe la posibilidad de que las actuaciones de la Fed lleven a los mercados a descontar la posibilidad de un error de política monetaria, lo que aumentaría las posibilidades de un vuelco en la misma, y la historia indica que las yields del Tesoro pueden cambiar muy rápidamente cuando se les considera un refugio seguro.

En nuestra opinión, las elevadas yields de partida en muchos sectores de la renta fija aumentan las probabilidades de lograr retornos positivos. Los sectores de high yield ofrecen muchas oportunidades de yield en este momento, pero dado el fuerte estrechamiento de los diferenciales registrado recientemente, pensamos que parte podrían ceder a principios del próximo año si persiste el temor a una recesión y comienzan a aumentar los impagos. No obstante, creemos que esta volatilidad podría revertir favorablemente en los inversores siempre que sean muy selectivos en cuanto a los valores y continúen evitando los sectores cíclicos, en particular los expuestos a que la crisis energética persista. Para quienes deseen permanecer invertidos en bonos de mayor calidad, con yields iniciales para los índices IG ahora mismo superiores a cualquier otro momento desde la crisis financiera mundial y con los bancos centrales habiendo subido ya los tipos de forma significativa, nos parece que estos sectores también resultan atractivos.

El sector financiero vuelve a ser uno de los ámbitos en los apreciamos que persisten algunas de las oportunidades de valor más atractivas. En general, los bancos parecen estar muy bien posicionados para hacer frente a la recesión prevista, con niveles de capital muy elevados y balances saneados. Además, unos tipos más altos les permitirán lograr un margen de interés neto (NIM) mucho mayor que durante la época prolongada de tipos de interés bajos de los últimos años. Ya hemos constatado esa consecuencia durante el último periodo de comunicación de resultados, en el que los bancos, en su mayoría, han anunciado unos ingresos superiores a los previstos. Aunque pensamos que es probable que los préstamos morosos (NPL) aumenten en los tiempos, más difíciles, que se avecinan, ese mayor NIM es la primera línea de defensa de los bancos y también esperaríamos que los NPL se muestren muy contenidos. El sector de bonos adicionales de nivel 1 (AT1) tiene una beta elevada y creemos probable que persista la inquietud por las no amortizaciones (riesgo de extensión); sin embargo, prevemos un estrechamiento razonable de los diferenciales durante el próximo año y, con las yields actuales en torno al 8,5 por ciento a nivel general de los índices y por encima del diez por ciento en algunos bonos individuales, creemos que este sector está bien situado para ofrecer rentabilidades superiores dentro del conjunto del crédito. Además, pensamos que existen oportunidades de valor atractivas a lo largo de la estructura de capital: la reciente emisión de Tier 2 ha ofrecido cupones del 7-8 por ciento en GBP para bonos con calificación IG, lo que en nuestra opinión debería proporcionar fuertes retornos a medio plazo.

Los sectores de ABS también resultan atractivos, en nuestra opinión, y se espera que los bonos con respaldo hipotecario (RMBS) de alta calidad contraigan sus diferenciales de manera significativa, pues las yields que ofrecen ahora son más atractivos, al haber subido los tipos. El sector de los CLOs ha sufrido mucho este año, ya que los temores a una recesión han provocado un ensanchamiento de los diferenciales de los préstamos apalancados, pero con diferenciales de CLO de alrededor de 600 puntos básicos disponibles para los tramos con calificación BBB y de 1.000 puntos básicos para los tramos con calificación BB, la mayor rentabilidad de los CLO en comparación con el inicio de 2022, sumado al potencial de plusvalías –pues esperamos que los diferenciales se estrechen– podría convertir a este sector en uno de los más rentables de la renta fija en 2023.

En el lado negativo, nos tememos que los mercados emergentes volverán a sufrir en 2023, debido en parte a las cuestiones relativas a medioambiente, responsabilidad social y gobierno corporativo (ESG), pero también en gran medida porque pensamos que hay un valor muy convincente en las economías desarrolladas, lo que supondría que los flujos oportunistas no vuelvan a los mercados emergentes con tanta prontitud. No obstante, la elevada yield inicial es atractiva y creemos que ya se han descontado muchas malas noticias, por lo que los retornos deberían seguir siendo positivos.

Una recuperación desigual favorece la selección de valores

En nuestra opinión, 2023 será un año para que los inversores en renta fija sean muy selectivos a la hora de escoger valores. Prevemos –digámoslo una vez más– una recuperación desigual y los bancos centrales apenas están comenzando a dejar atrás una época de tipos bajos y una provisión de liquidez sin precedentes; resulta difícil para cualquiera predecir cómo afectará este repliegue al comportamiento de los activos en los próximos 12 meses y periodos subsiguientes. La volatilidad puede hacer estragos en ámbitos que hasta ahora no eran motivo de preocupación, como quedó patente con la liquidación de Gilts del Reino Unido y la posterior crisis de los fondos de pensiones a principios del cuarto trimestre. De manera análoga, la reciente omisión de amortizaciones de bonos híbridos emitidos por diversos fondos de inversión inmobiliaria (REIT, por sus siglas en inglés), por ejemplo, no hará sino aumentar el escrutinio de este sector en el futuro.

Sin embargo, aunque persistan los riesgos de cara al futuro, nuestro debate dejó claro que el equipo confía en un 2023 mucho más positivo para los inversores, en gran medida gracias a las atractivas yields iniciales.

El sufrimiento de este año ha dejado a las empresas de alta calidad cotizando a rentabilidades que rara vez duran mucho tiempo y, a medida que nos acercamos al final del ejercicio, en los mercados primarios abundan las pruebas de que los compradores están echando mano de sus ahorros con el fin de aprovechar las oportunidades de valor disponibles. Por primera vez en mucho tiempo, nuestro equipo ve un valor atractivo disponible en la mayor parte de la renta fija; ahora, los tipos de interés pueden proporcionar yield y mitigación de las posibles caídas, mientras que en todo el crédito las yields están en máximos de casi una década y existe gran confianza en que los inversores puedan disfrutar de sólidos retornos a 12 meses vista.

Una de las mayores expresiones de confianza suscitada en nuestros debates incidió en la resistencia y el atractivo del sector financiero. Tener bancos y compañías de seguros con calificación IG y deuda en circulación con yields de hasta el 10 por ciento, o incluso más en algunos casos, es muy poco habitual y, en nuestra opinión, es poco probable que algo así se mantenga largo tiempo. Aunque haya atractivas opciones de valor disponibles en todo el espectro de deuda, este fue el ámbito que concentró nuestro mayor optimismo y creemos que debería estar entre los primeros de la lista de sectores con mejores resultados el año que viene. Además, para aquellos inversores que puedan optar por valores algo menos líquidos, el sector de los CLO nos parece especialmente atractivo, e incluso sin plusvalías, los retornos podrían ser muy interesantes.

En resumen, pensamos que las yields iniciales están proporcionando a la renta fija un buen arranque de cara a los retornos potenciales en 2023 y, lo que es más importante, en nuestra opinión, los inversores no necesitarán acudir al riesgo para construir un perfil de cartera de alto income, con potencial adicional de ciertas ganancias de capital.

 

 

 

 

 

1. Basándonos en los índices ICE BofA US Corporate Index (C0A0), ICE BofA Sterling Corporate Index (UR00) e ICE BofA Euro Corporate Index (ER00) a 30 de noviembre de 2022.


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