Nuestro mundo en transformación exige energy sovereignty
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En pocas palabras
- En un mundo más volátil, los esfuerzos por lograr la soberanía energética refuerzan la necesidad urgente de transformar los sistemas energéticos.
- La electrificación basada en fuentes renovables es fundamental, debido a los menores costes operativos, una mayor autosuficiencia y la reducción de emisiones de carbono.
- Sin embargo, esta transición también genera una presión significativa sobre la infraestructura existente, cuyas redes envejecidas se están convirtiendo en cuellos de botella estructurales. Además, depende en gran medida de minerales críticos para la fabricación de aerogeneradores, paneles solares, baterías o una extensa red de cables y líneas de transmisión.
- En última instancia, la transición depende de un amplio ecosistema de recursos habilitadores, soluciones de mitigación, así como capacidades tecnológicas e industriales. Para los inversores, comprender la compleja red de interdependencias upstream y downstream es esencial para poder evaluar cómo evolucionan conjuntamente la soberanía energética, la resiliencia y la descarbonización.
En un mundo cada vez más inestable, tanto desde el punto de vista económico como geopolítico, el abastecimiento de energía y otras materias primas clave se fragmenta cada vez más entre los distintos polos geopolíticos. Las últimas tensiones en Oriente Medio, en particular el conflicto con Irán, ponen de relieve la fragilidad estructural de la dependencia de los combustibles fósiles y refuerzan los argumentos a favor de la soberanía energética, un concepto que pretende equilibrar la sostenibilidad con la geopolítica y la competitividad. Este enfoque refuerza la urgente necesidad de transformar los sistemas energéticos, haciéndolos no solo más eficientes y resilientes, sino también más autosuficientes, lo que reduce la dependencia de las importaciones.
Tomando como ejemplo a la Unión Europea (UE), se pone de manifiesto que la independencia energética sigue siendo una cuestión clave. Según el Energy Sovereignty Index del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, el bloque ha mejorado ligeramente su soberanía energética al reducir la dependencia del gas ruso, pero aún está rezagado en sustituir esos volúmenes por producción energética doméstica. Aunque la dispersión entre países es amplia, el nivel promedio de independencia en la UE es bajo; la categoría correspondiente en el índice solo obtiene 4 puntos en una escala de uno a diez.
La electrificación y las fuentes renovables son fundamentales
Para aumentar la soberanía energética, existe un amplio conjunto de estrategias probadas y aceptadas. Esto incluye (pero no se limita a) acelerar la electrificación tanto de la vida cotidiana como de los procesos industriales, incrementar la cuota de fuentes renovables y mejorar la eficiencia energética.
Actualmente, la electricidad representa aproximadamente el 20 por ciento del consumo energético mundial. Según el escenario de emisiones netas cero de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), se espera que esta proporción aumente hasta el 50 por ciento para 2050.1 Se prevé que las energías renovables cubran la mayor parte de la demanda incremental, debido a sus menores costes operativos, mayor autosuficiencia y menores emisiones de carbono.
Sin embargo, la electrificación con fuentes renovables plantea desafíos. Genera una presión significativa sobre la infraestructura existente, cuyas redes envejecidas se están convirtiendo en cuellos de botella estructurales. Por ejemplo, Europa registró un récord de 8 645 episodios de sobretensiones en 2024, un aumento drástico frente a solo 34 incidentes en 2015, según la European Network of Transmission System Operators for Electricity (ENTSO-E).2 Estas sobretensiones ponen de manifiesto la necesidad urgente de invertir en la red eléctrica, donde el reemplazo de activos envejecidos ya representa una parte importante del gasto. Tras un largo período de infra inversión, la presión por modernizar la infraestructura se vuelve crítica. El gasto de capital también aumenta por la necesidad de conectar más fuentes renovables y reforzar la red para transferir energía desde ubicaciones con recursos eólicos y solares favorables hacia los centros de demanda. Aunque las soluciones de flexibilidad de red, incluidas las tecnologías de respuesta del lado de la demanda como las redes inteligentes, actualmente suponen una porción menor del mercado, se espera que crezcan de manera sostenida. En los próximos años, se prevé que las inversiones en red superen el crecimiento de la demanda eléctrica, generando oportunidades para los proveedores de soluciones a lo largo de toda la cadena de valor de la infraestructura.
Del barril al panel
El sistema energético tradicional, basado en una compleja red de oleoductos y rutas comerciales, está cediendo cada vez más terreno a la producción doméstica de energía renovable. Este cambio se debe no solo a los esfuerzos por la soberanía energética, sino también a que la transición verde ha alcanzado un punto de inflexión crucial: el coste de la energía renovable ha caído por debajo del de la generación de nueva capacidad fósil en muchos países, convirtiendo la economía de las renovables en el principal motor de crecimiento.
Ningún país ha adoptado la transición energética con tanta determinación como China. Con más del 40 por ciento de la capacidad global de energía renovable, China se está posicionando como líder. Solo en 2024, el país invirtió más de 600 000 millones de USD en proyectos de energía limpia, consolidando aún más su dominio en el sector.3 Si bien este liderazgo ha impulsado la transición mediante la reducción de costes y la adopción tecnológica, también ha generado nuevas dependencias para otras naciones, especialmente en Occidente, donde crecen las preocupaciones sobre el control chino de las cadenas de suministro críticas.
Las cadenas de suministro pueden convertirse en un arma poderosa
La transición energética también depende en gran medida de minerales críticos, como el litio, el cobalto, el níquel, el cobre y las tierras raras. Estos materiales son esenciales para la fabricación de aerogeneradores, paneles solares, baterías y la extensa red de cables necesaria para un sistema eléctrico libre de carbono. Se espera que el rápido aumento de la demanda genere escasez estructural de varios metales clave. Al mismo tiempo, la producción y el procesamiento de estos materiales están altamente concentrados, con China dominando nuevamente este sector. Esta concentración puede acarrear riesgos geopolíticos significativos. A medida que los países se alejan de los combustibles fósiles, corren el riesgo de sustituir una forma de dependencia por otra. Las restricciones comerciales, las prohibiciones de exportación y el nacionalismo de los recursos ya están surgiendo como herramientas de influencia geopolítica, con el potencial de perturbar las cadenas de suministro globales y generar volatilidad en los precios. Por ejemplo, las recientes restricciones impuestas por China a la exportación de minerales críticos, incluidas, pero no limitadas a, las tierras raras, ponen de manifiesto la vulnerabilidad de las cadenas de suministro concentradas.
Para mitigar estos riesgos, los gobiernos y las empresas están explorando estrategias para diversificar las cadenas de suministro, invertir en minería nacional y enfocarse en el desarrollo de tecnologías de reciclaje. Especialmente esta última puede abordar las vulnerabilidades de la cadena de suministro y aprovechar el aumento de la demanda. Los metales son un ejemplo de cómo el reciclaje puede ofrecer una solución prometedora. A diferencia de los plásticos, los metales pueden reciclarse sin perder sus propiedades, lo que los hace ideales para una economía circular. Ampliar el reciclaje podría ayudar a reducir la dependencia de productores expuestos geopolíticamente, a la vez que apoya la transición energética. Incrementar la oferta sin necesidad de nuevas explotaciones mineras también aporta beneficios en términos de emisiones, degradación del suelo y uso del agua.
Se necesitan dos para bailar tango: aguas arriba y aguas abajo
Impulsada por los esfuerzos de soberanía energética y la competitividad, la transición desde un sistema energético basado en recursos finitos y extraídos, con precios volátiles, hacia otro centrado en tecnologías de generación (donde los costes disminuyen a medida que aumenta la escala de producción) se está acelerando. La oportunidad reside en la magnitud de este cambio. Sin embargo, no es un camino recto; las velocidades desiguales, los entornos normativos en rápida evolución y la geopolítica añaden complejidad.
En última instancia, la transición verde no consiste únicamente en desplegar fuentes renovables; depende de un amplio ecosistema de recursos habilitadores, tecnologías y capacidades industriales. Comprender esta red de interdependencias aguas arriba y aguas abajo es fundamental para evaluar cómo evolucionan conjuntamente la soberanía energética, la resiliencia y la descarbonización. Las oportunidades de inversión en los pilares aguas arriba incluyen materiales habilitadores —como la minería, el procesamiento y el reciclaje—, que son cruciales para apoyar la transición, así como soluciones energéticas bajas en carbono que garantizan un avance equilibrado y responsable hacia fuentes de energía sostenibles. Los atractivos pilares aguas abajo ofrecen exposición a estrategias de mitigación, incluida la infraestructura de energía limpia (donde la energía renovable sigue dominando la incorporación de nueva capacidad), junto con la necesidad crítica de modernizar y ampliar las redes eléctricas.
Igualmente importantes son las soluciones de eficiencia energética en diversos sectores. En el sector de la edificación, esto implica el uso de materiales sostenibles, construcción eficiente en consumo de energía y sistemas avanzados para calefacción, ventilación, refrigeración, iluminación y controles. En el transporte, el foco está en alternativas de bajas emisiones, la fabricación de equipos y las tecnologías de baterías, mientras que para la producción industrial, la digitalización, la automatización y los materiales funcionales son clave para reducir el consumo energético y las emisiones de carbono.
Invertir en todo el espectro con un enfoque activo brinda la oportunidad de acelerar la transición y participar en sus beneficios.